Opinión/ Creado el: 2017-07-12 02:32
Sea más compasivo
Nuestra naturaleza humana, que tiende al egoísmo, asocia el concepto de compasión a un atributo negativo referido a debilidad o sensiblería de quien lo experimenta y en situación extremadamente adversa de parte de quien lo provoca hasta el punto de generar lástima. Pero el termino compasión viene del latín cumpassio que significa “sufrir juntos”.
Y es que la compasión es uno de los valores que implica mayor desprendimiento y altruismo, que le permite a la persona trascender su propio yo, hasta ser capaz de salir de sus propias preocupaciones e irse al encuentro del otro para comprender su situación.
Contrario al compasivo autentico, que ofrece su apoyo y se entrega a los necesitados, el narcisista ególatra no tiene la sensibilidad real para ver y sentir las necesidades ajenas, por lo tanto, no está en capacidades de atenderlas. Muchos están más preocupados en aprovechar la coyuntura o la desgracia para alardear y presumir de sus acciones benéficas, y no verdaderamente en manifestar su sentimiento de ternura y consideración por quienes sufren el infortunio y en restaurar la dignidad de sus vidas.
Debemos tener la capacidad de compartir con el otro y no solo de regalar o donar aquello que nos sobra, así sea tiempo, o lo que es peor, cerrar nuestros ojos y oídos a las necesidades y las llamadas clamorosas del otro en el momento justo en el que atraviesa una calamidad. Abandonar el egoísmo nos hace capaces de participar de la alegría de los demás. El 90% de la humanidad vive mal y el otro 10% vive mejor que bien pro indolente a la desdicha de esa inmensa mayoría que padece múltiples necesidades. Por eso precisamente una de las actitudes para la inclusión social y la equidad es tener la disposición para compartir con el otro.
Urge promover para beneficio propio el amor que nace de la conciencia y de la sabiduría para que los demás alcancen la felicidad. La compasión es el néctar que más humaniza y nos hace revelar en los demás nuestro propio ser. Debemos aprender a exteriorizar nuestros sentimientos como única fórmula para superar juntos nuestras carencias, miedos, odios, desigualdades, violencias, etc.
En la compasión no podemos ser pasivos; sino por el contrario activos en entregar soluciones a las necesidades básicas que sufren cientos de personas a nuestro alrededor. Debemos dejar a un lado tanto romanticismo y actitudes lastimeras frente a las dificultades que padece la mayoría de su barriada y trabajemos juntos por la promoción del ser humano como nos lo dicta la Doctrina Social de la Iglesia Católica: de condiciones de via menos humanas a condiciones de vida más humanas.
Algunas personas se dirán: yo no puedo ser compasivo porque no tengo los medios suficientes para serlo. Pero la réplica es: claro que se puede ser compasivo con un abrazo a tiempo a una persona en el sufrimiento, regale una sonrisa y una palabra amable o consoladora. Pero si usted es una persona pudiente puede desarrollar compasión dando los medios generosos de ayuda física porque es mejor dar que recibir. Todos desde nuestras posibilidades podemos cooperar y ayudar, trascendamos las buenas intenciones y los discursos hasta construir entre todos los puentes que nos unan en la cooperación.
La alegría compartida nos permite orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas y siempre buscando la ecuanimidad en el equilibrio, armonía y animo constante ante las vicisitudes de la vida. De esta manera para mejorar nuestro entorno en la búsqueda de la paz pública y la armonía en la sociedad debemos entregarnos a la compasión, pero no con actitud afligida y de ver al otro como un pordiosero porque el modo de la entrega se considera como un acto de dar limosna. Para mejorar nuestra sociedad democrática debemos sentir compasión con los recién llegados a la vida civil encontrando sus defectos y sus necesidades para de esta forma dar solución pronta a sus reclamaciones.
