martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-01-05 02:09

Salario mínimo y años viejos

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | enero 05 de 2019

Se equivoca la Ministra del Trabajo y el actual gobierno nacional, cuando ha advertido que el incremento del Salario Mínimo pactado para el año 2019, es el que busca rescatar de una mejor manera el poder adquisitivo de los trabajadores colombianos.
 
Eso no es cierto. Por disposición legal, se tiene que el factor salarial es la base del aumento de todas las obligaciones a cargo de los colombianos, y que en todo momento, los incrementos impositivos están en correlación directa con dicho factor del incremento salarial, lo cual solo se podría remediar el día en el que el Congreso de la República modifique todas las tablas impositivas para que éstas solo sean susceptibles de incrementarse anualmente de conformidad con el índice de la inflación del año anterior. Mientras esto sucede, todo serán distractores de nunca acabar y el incremento del salario mínimo solo propiciará que la pobreza y la miseria sean direccionadas hacia las grandes colectividades colombianas.
 
Por otro lado el incremento de los insumos propios para la agricultura colombiana y toda clase de repuestos de vehículos o de costos de producción o de bienes y servicios, éstos no tienen correlación directa con el poder adquisitivo del dinero, sino con los factores externos que dominan la economía colombiana y la economía mundial, hasta el punto de que las fluctuaciones del dólar y del petróleo en el mundo se sienten profundamente en nuestra economía, y es de tal magnitud, que esa variación del mercado internacional del dólar y del petróleo, no se refleja sino solo en incrementos y en aumentos que nunca cambian y siempre permanecen estables y se suben y se suben y se suben con costos graves para la economía doméstica.
 
Y cuando comienza a sentirse el coletazo de estos incrementos y Colombia se enfrenta por el desgobierno venezolano en una injerencia sin precedentes, desconociendo la muerte de nuestros líderes sociales y la corrupción e impunidad se convierten en la hoja de ruta de nuestros gobernantes, surgen contradictores contra la manifestación de las fiestas tradicionales y los muñecos de año viejo y los carnavales que se viven en todos los pueblos colombianos con ocasión del fin de año.
 
Es preocupante que ese sentir popular de las comunidades pretenda ser coartado para que deje de expresar su rechazo o su forma de ver la realidad social y política colombiana, cuando un hombre público pueda ser transformado en muñeco de trapo y sea utilizado para la parodia de los carnavales y como una manifestación del reclamo, del rechazo o de la burla por su forma de ser o de actuar.
 
Los carnavales de los pueblos, sin importar la cultura o educación que se haya adquirido, es parte de un proceso innato en las comunidades que busca a través de los tiempos, de hacer alarde de ese ser interior que llevamos dentro, cuando se rompe con la cotidianeidad y se transforma en reclamo en protesta o en un acto revolucionario que demanda un reacomodo a sus derechos o a sus pretensiones.
 
No olvidemos que la revolución de los estudiantes del 68 estuvo precedida por una manifestación donde los grandes lemas eran precisamente “prohibido prohibir” y una convocatoria al amor antes que a la guerra.
 
Por todo ello, el país no ha empezado con el pie derecho. Y se ven negros nubarrones que no desgajan las lluvias que todos quisieran disfrutar y gozar, para sofocar esta crisis climática que empieza a sumarse a la inequidad social que se nos vino encima. 

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