martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-01-30 03:11

Sacar a Dios de la vida pública

Escrito por: Froilán Casas
 | enero 30 de 2019

En la cultura postmoderna en la que nos encontramos no está de moda negar a Dios o matar a Dios; esto es cosa del pasado, del siglo XIX y comienzo del XX; los “maestros de la sospecha” (Nietzsche, Freud y Marx) lo hicieron con lujo de detalles; ahora se prescinde de Dios, Dios sobra, Dios es un estorbo. Es el absoluto indiferentismo. De la negación de Dios a la prescindencia de Dios. Este fenómeno no es nuevo en la historia de los hombres.

La historieta de la torre de Babel es, apenas, una muestra de la expulsión de Dios del escenario humano. Después del relato bíblico del diluvio universal, viene el de la torre que será levantada para desafiar el poder de Dios: el hombre es más poderoso que Dios. ¡Ah, pobre hombre, tan grande y tan pequeño! En la mitología griega es Prometeo quien desafía a los dioses, robándole el fuego -signo de adoración-, para traerlo a Argos, la ciudad de los hombres: fuera culto a dios, es el culto a los hombres. ¡Ah, qué confusión en Argos sin un principio absoluto! Reina la anarquía, la ley del más fuerte. Con la diosa Razón se entroniza la grandeza del hombre; justo en el emblema de la fe cristiana, Nuestra Señora de París, se erige el monumento a la Razón, como expresión de la grandeza humana; hasta se sustituye el calendario cristiano por el calendario  brumario en la época de la república francesa.

¡Qué caos reina en la otrora “cristiana” Francia! En qué terminó toda esa barbarie: en Waterloo es humillado el dios Napoléon por los ingleses y confinado a la isla prisión de Santa Helena, muriendo el “dios”, en la más fatídica miseria. Pero viene Nietzsche, Dios “hiede en la ciudad humana”; matemos a Dios y sobre su tumba, construyamos la ciudad del hombre, el superhombre; es la trasmutación de todos los valores.

En la tumba del portavoz de Zaratustra escribieron este epitafio: “Dios ha muerto, firmado Nietzsche”; a continuación: “Nietzsche ha muerto, firmado, Dios”. Para el padre del sicoanálisis, Freud, Dios es la consecuencia de una neurosis colectiva. ¿Cómo fue la enfermedad y muerte de este genio de la neurología? Para el señor Marx, Dios es una alienación, es una dependencia, Dios es el causante de la miseria social, Dios es la alcahueta de la explotación del hombre por el hombre, ¡fuera trascendencia del hombre! El hombre es materia.

La fuerza de Dios es la religión, pero esta es “el opio del pueblo”. ¡Ah, Marx! ¿En qué ha terminado su materialismo histórico y dialéctico? Nuestros constituyentes en 1991 discutieron semanas si dejaban el nombre de Dios “como fuente suprema de toda autoridad” en la Carta. ¡Cuántos cristianos vergonzantes permitieron con su silencio tal irrespeto a nuestra cultura! Como decía Alma Grande, Gandhi: “Es más censurable el silencio de los buenos que la maldad de los malvados”. En nuestro medio, a nivel del país-nación, una ínfima minoría se está imponiendo e irrespetando nuestros principios cristianos. Así es la vida: el que se  convierte en gusano, para qué protesta que lo pisen. Entonces, sigamos callando.


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