miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-07-18 02:04

Responsabilidades IVA y Covid

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | julio 18 de 2020

Por Amadeo González Triviño

Es lamentable la situación que estamos viviendo en el país. Un gobierno que no quiere aceptar la responsabilidad social derivada del mal manejo de la pandemia y la forma como a cambio, ha preferido generar un mayor pánico al que pretendió minimizar con el acuartelamiento ciudadano, para generar acciones que van en desmedro de su representatividad especialmente al no querer aceptar la realidad de su ineficiencia, de su improvisación y sobre todo, aparar la impunidad por el despilfarro económico y por todo este gran mal que nos ha ocasionado.

Cuando un sector de la Iglesia Católica expuso con justificadas razones una serie de denuncias, el Nuncio Apostólico, que no es colombiano, de una parte y los altos jerarcas de la Conferencia Episcopal, desautorizaron la vocería del Arzobispo de Cali y de todos los que haciendo parte de esa misma congregación que se unieron a su voz. Sus reclamos y la forma como han calificado de genocidio propiciado, auspiciado y liderado por el Gobierno Nacional, en contra del pueblo colombiano, de sus líderes sociales y los comportamientos omisivos en el tratamiento de políticas sociales, como correspondería, que es una verdad que no requiere mayores elementos probatorios, llevaron a que aquellos se rasgaron las vestiduras y quisieron dejarlos solos.

Hoy en día, la opinión pública los respalda y somos conscientes de que estos voceros son lo único que les ha quedado a los habitantes del litoral pacífico colombiano y a todos los ciudadanos colombianos. Son quienes desde su propia jurisdicción conocen realmente el problema, advierten sobre las consecuencias que se están viviendo y es precisamente la voz del Arzobispo de Cali y de todos los Obispos que como testigos silenciosos, observan y denuncian la situación social que de sus comunidades, reconocen el daño y saben qué es lo que están diciendo. Y duélale a quien le duela, tenemos que estar del lado de estos representantes de la Iglesia Católica en estos momentos.

Y el presidente de los colombianos dice que no es hora de hacer acusaciones o de imputar responsabilidades. Pero ese juicio histórico debe hacerse desde ya. No podemos permitir que el país siga siendo expuesto a un mal gobierno, a una situación donde el desempleo, la pobreza y la miseria, se dan de la mano, mientras se beneficia y se propician acciones para enriquecer a las empresas financieras, a los potentados económicos y se engaña y se crean formas de destrozar lo poco bueno que le quedaba a esta patria.

 

Y la pérdida de la credibilidad institucional es superior cada día. Estamos sin un aparato jurisdiccional que pueda responder a las peticiones de los ciudadanos, un sistema de protección en salud, justo, oportuno, inmediato. Un sistema educativo que sea capaz de liderar el proceso de una educación virtual, un sistema de comunicaciones y de vías que solo está dado para auspiciar y fomentar la corrupción y porque no decir, que cada quien haga y deshaga con el presupuesto del Estado y en cuanto a las Fuerzas Armadas, ellos mismos se han encargado de propiciar ese distanciamiento con las comunidades y son coprotagonistas de la violencia y de la vulneración de los derechos ciudadanos.

Por todo esto, entre los habitantes de esta patria, somos testigos de una situación que crece y nos sentimos desprotegidos, pero seguimos siendo tan sumisos, tan resignados, que nada hacemos, ni siquiera para replicar nuestra voz de indignación frente al desgobierno de que somos víctimas.

Ese esperpento del IVA, así digan que no hay evidencia, fue uno de los factores del crecimiento del contagio. Se suma a lo anterior la ausencia de políticas serias en materia de salud, direccionadas hacia el control inmediato de la epidemia. La ausencia de políticas no de represión, sino de control de lo que pudo haber sido en su momento una efectiva respuesta a la misma, pero a partir de esa constelación de situaciones de excepción para el desacato de las mismas, terminaron por enterrar los buenos propósitos, que pudo haberse tenido en su momento.

Que no debemos lamentarnos, que tenemos que encarar la realidad, pero ello conlleva necesariamente hacer los reproches, asumir responsabilidades y por consiguiente, retomar las riendas perdidas de la nación, lo cual es muy difícil, pero así lo exigimos los colombianos.