Opinión/ Creado el: 2018-12-24 02:32
Rescatemos nuestras tradiciones
Por: Cielo Ortiz
Pensemos por un momento lo diferente que eran nuestras navidades cuando éramos pequeños. Era una época de mucha felicidad, donde lo más importante era la solidaridad, la ayuda a los demás, el compartir en familia y con los vecinos y amigos, una época de camaradería donde ser feliz y hacer feliz a los que nos rodeaban era lo más importante.
Recuerdo que la mayoría de la familia se reunía en casa de la abuela, un lugar lleno de amor, donde compartíamos la tradicional natilla, los buñuelos y el dulce de Nochebuena, verdaderos manjares que eran el deleite de vecinos y amigos.
Llegaba el día y veíamos a los niños con mucho alborozo estrenando su pinta, felices esperando que llegara la media noche para recibir el regalo del Niño Dios, el premio por haberse portado bien, por ser un buen ser humano.
A través de estas tradiciones que compartimos es que nuestros abuelos nos transmitieron los valores familiares: dando aprendimos el valor de la solidaridad; cocinando juntos asimilamos la cooperación; recibiendo repasamos el concepto de gratitud y compartiendo en familia alrededor de nuestros mayores, aprendimos el respeto. Para muchos de nuestros abuelos esta era la base de los valores ciudadanos y ser buen ciudadano empezaba por el respeto a los otros y a las normas.
Hablamos, por ejemplo, de la honestidad, la tolerancia o la solidaridad que nos inculcaron en nuestra familia y que son básicos en nuestra relación con quienes nos rodean y definitivos para aportar como ciudadanos a la construcción de la ciudad que queremos.
No hay un curso que nos enseñe a ser buenos ciudadanos, es algo que traemos de cuna, porque ser seres humanos con valores, significa ser ciudadanos con ética y responsabilidad que ayuden al desarrollo de la sociedad, convirtiendo esos valores morales que traemos, en valores democráticos.
Pero infortunadamente mucho de eso se ha perdido. Hoy la Navidad es la época de lo material, donde lo más importante son los regalos, el licor y la fiesta. Son pocas las familias que se reúnen alrededor del árbol y el pesebre a compartir, ahora cada uno va por su lado, pensando en sí mismo, sin importar en el familiar o el vecino.
Hoy son muchos los que no saben o no quieren ver que hay muchas personas necesitadas, que no tienen la posibilidad de comprar un juguete a sus hijos o de adquirir los elementos para preparar una cena. Qué bueno sería que miráramos hacia los lados y entendiéramos que somos privilegiados y que lo más justo es compartir con el que lo necesita.
Hoy quiero hacer un llamado especial a todos los neivanos para que repensemos el concepto de la Navidad. Invito a todos a dejar de lado la cultura de lo material y superfluo, para pensar en el bien común y ayudar a quienes lo necesitan.
Es muy gratificante dar, ayudar, estrechar la mano de quien lo necesita y brindar un abrazo fuerte al triste.
Aprovechemos este tiempo de regocijo para rescatar nuestras tradiciones, para volver a enseñar los valores que con el tiempo se han ido dejando de poner en práctica y que tanta falta le hacen a nuestra sociedad. Aprovechemos la alegría y el regocijo de la Navidad para disfrutar de este tiempo en familia y hacer algo positivo por los demás.
Pensemos por un momento lo diferente que eran nuestras navidades cuando éramos pequeños. Era una época de mucha felicidad, donde lo más importante era la solidaridad, la ayuda a los demás, el compartir en familia y con los vecinos y amigos, una época de camaradería donde ser feliz y hacer feliz a los que nos rodeaban era lo más importante.
Recuerdo que la mayoría de la familia se reunía en casa de la abuela, un lugar lleno de amor, donde compartíamos la tradicional natilla, los buñuelos y el dulce de Nochebuena, verdaderos manjares que eran el deleite de vecinos y amigos.
Llegaba el día y veíamos a los niños con mucho alborozo estrenando su pinta, felices esperando que llegara la media noche para recibir el regalo del Niño Dios, el premio por haberse portado bien, por ser un buen ser humano.
A través de estas tradiciones que compartimos es que nuestros abuelos nos transmitieron los valores familiares: dando aprendimos el valor de la solidaridad; cocinando juntos asimilamos la cooperación; recibiendo repasamos el concepto de gratitud y compartiendo en familia alrededor de nuestros mayores, aprendimos el respeto. Para muchos de nuestros abuelos esta era la base de los valores ciudadanos y ser buen ciudadano empezaba por el respeto a los otros y a las normas.
Hablamos, por ejemplo, de la honestidad, la tolerancia o la solidaridad que nos inculcaron en nuestra familia y que son básicos en nuestra relación con quienes nos rodean y definitivos para aportar como ciudadanos a la construcción de la ciudad que queremos.
No hay un curso que nos enseñe a ser buenos ciudadanos, es algo que traemos de cuna, porque ser seres humanos con valores, significa ser ciudadanos con ética y responsabilidad que ayuden al desarrollo de la sociedad, convirtiendo esos valores morales que traemos, en valores democráticos.
Pero infortunadamente mucho de eso se ha perdido. Hoy la Navidad es la época de lo material, donde lo más importante son los regalos, el licor y la fiesta. Son pocas las familias que se reúnen alrededor del árbol y el pesebre a compartir, ahora cada uno va por su lado, pensando en sí mismo, sin importar en el familiar o el vecino.
Hoy son muchos los que no saben o no quieren ver que hay muchas personas necesitadas, que no tienen la posibilidad de comprar un juguete a sus hijos o de adquirir los elementos para preparar una cena. Qué bueno sería que miráramos hacia los lados y entendiéramos que somos privilegiados y que lo más justo es compartir con el que lo necesita.
Hoy quiero hacer un llamado especial a todos los neivanos para que repensemos el concepto de la Navidad. Invito a todos a dejar de lado la cultura de lo material y superfluo, para pensar en el bien común y ayudar a quienes lo necesitan.
Es muy gratificante dar, ayudar, estrechar la mano de quien lo necesita y brindar un abrazo fuerte al triste.
Aprovechemos este tiempo de regocijo para rescatar nuestras tradiciones, para volver a enseñar los valores que con el tiempo se han ido dejando de poner en práctica y que tanta falta le hacen a nuestra sociedad. Aprovechemos la alegría y el regocijo de la Navidad para disfrutar de este tiempo en familia y hacer algo positivo por los demás.
