Rescatemos los oficios artesanales
Por: Juanita Escandón
Una de las razones que me llevó a elegir el Diseño Industrial como carrera profesional, es la admiración que siento por las diferentes manifestaciones artísticas y artesanales. Sobre todo por estas últimas.
Cuando se estudian este tipo de profesiones, uno entiende que no son contemporáneas y que de lo contrario, tienen origen en las etapas más tempranas de la evolución del hombre; pues este tuvo que aprender a forjar los materiales que la naturaleza le proveía, para convertirlos en objetos que no solo le fueron funcionales para los quehaceres diarios, sino también simbólicos para representar y reafirmar sus creencias religiosas, sus estructuras sociales y su poder político. Los vestigios arqueológicos y la permanencia de estos oficios en la actualidad, dan cuenta de su relevancia.
Los colombianos hoy en día tenemos la fortuna de seguir contando dentro de nuestras muchas cualidades nuestra diversidad y riqueza cultural, que sin duda también se encuentran en las artesanías: el Sombrero Vueltiao que tanto nos identifica, obra maestra del Pueblo Zenú; los tejidos Wayú cuyos colores y geometrías son símbolo de la historia y la sabiduría de su gente; la cestería, interpretada e implementada de forma distinta por las diferentes comunidades a lo largo del país; la orfebrería y la joyería, oficios milenarios, etcétera.
Sin embargo, con mucho pesar, el ejercer la profesión del Diseño también me ha llevado a conocer el gran riesgo que existe de la desaparición de muchos de los oficios artesanales.
Durante medio año tuve la oportunidad de realizar un proyecto de diseño participativo con una comunidad de cesteros del municipio de Sutatenza en el departamento de Boyacá. El objetivo de este, era hacer una inmersión en el oficio para conocer de primera fuente las técnicas y las problemáticas socioeconómicas que amenazaban su permanencia.
Los problemas que amenazan a este oficio y a muchos otros son: la pérdida de su valor por parte de quienes lo ejercen, a causa en parte por la necesidad de obtener dinero de él a cualquier costo; la codicia de los intermediarios que se aprovechan de la necesidad del artesano y se lucran de vender su producto sin retribuirle lo justo, y por último y más grave, nuestra ignorancia y mezquindad como compradores al no valorar el trabajo manual y el significado detrás de las artesanías, regateándole al artesano y juzgando el valor de su oficio al compararlo con productos industriales.
En el caso de los cesteros de Sutatenza, los maestros artesanos ven con gran preocupación que a raíz de las circunstancias, los jóvenes de la comunidad no quieren darle continuidad al oficio, pues su poca rentabilidad y percepción de valor desvirtúan su carácter solemne.
Durante el desarrollo de nuestro proyecto con esta comunidad, pretendíamos “enseñar” al artesano a dirigir su conocimiento hacia oportunidades más ‘rentables’ y ‘lucrativas’ con el fin de ayudarle a preservar su oficio. Sin embargo, a lo largo del tiempo he entendido que orientar la creatividad hacia un producto que plazca a un cliente y aporte lucro, es una habilidad del diseñador y el artista contemporáneo que tiene soporte en la autoridad que les otorga un título académico y el ejercicio del mercadeo.
Entonces entendí, que la permanencia de los oficios artesanales en Colombia recae también en nosotros mismos, en nuestra capacidad de valorarlos, de pagar el precio justo y de entender las historias y las tradiciones que van contenidas en estos objetos. Y en el caso de los diseñadores y los artistas, debemos acercarnos al maestro artesano para aprender el oficio desde la humildad de nuestra ignorancia, para aplicar en nuestros diseños la identidad colombiana de la que actualmente carecen, para que nuestras artesanías representen lo mejor de nosotros ante el mundo.
