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Opinión/ Creado el: 2020-05-18 09:16

Reforma tributaria progresiva

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 18 de 2020

Por José Luis Anaya Cabrera

El debate sobre “Economía vs. Salud” en que la pandemia nos arrincona, permite que los argumentos a favor de la salud sean victoriosos, pero también, da una victoria a todo argumento a favor de la economía, es decir, y al mejor estilo cantinflesco, la discusión es tan clara como confusa.

El profesor Leopoldo Fergusson, en su artículo “Eligiendo tragedias”, recrea la relación inversa entre “vidas afectadas por la economía vs. vidas afectadas por el virus”, sustentando que las condiciones de desigualdad en Colombia estimulan este modelo. Me explico: si aumentan las vidas afectadas por la economía disminuyen las vidas afectadas por el virus, y en el caso contrario, ante una disminución de las vidas afectadas por la economía se produce un aumento de las vidas afectadas por el virus. Creo que es importante aclarar que la idea de esta discusión no es escoger entre salud y economía, si esta discusión existe es porque la afectación de la economía altera de manera negativa la salud de las mayorías.  

Como se ha discutido prolongadamente acerca de esta incómoda posición impuesta por la pandemia, en esta ocasión, quisiera hacer un análisis sobre la situación de fondo que, de igual manera, es poco favorable.

Colombia es considerado como uno de los países más desiguales del mundo. Las cifras son preocupantes en lo que se refiere a la pobreza multidimensional, esta pobreza supera el 30% de su población en departamentos como Guainía, Choco y Caquetá y corroboran el merecido puesto en un ranking de total desprestigio, sin mencionar la informalidad de la economía, la desigualdad del ingreso y la errónea distribución de la tierra.

Por supuesto, estas son las razones que hacen que ante la pandemia la inmensa mayoría de los colombianos se encuentre en la paradoja recreada por el profesor Fergusson. Entonces, quedarse en casa no es una medida de igual dificultad para quien tiene un trabajo estable, pensión, ahorro o propiedades que renten, que para el que necesita de la movilidad diaria para la adquisición del sustento diario, no tiene los medios tecnológicos, requiere del transporte público, y dada la informalidad, le es imprescindible interactuar con otros.

Lo que dificulta dar solución a la problemática mencionada anteriormente es que se requiere en esencia “Redistribución” y “Conciencia” por parte del que tiene mucho, del que tiene algo, y del que no tiene nada.  

Lo anterior, implica impuestos directos a los ingresos y patrimonios más altos (incluyendo los honorarios y pensiones altas), tasas competitivas para las empresas sin tratos especiales, mejoras en el catastro y tributación sobre la tierra, estímulos para reducir el costo de crear empleos formales y una rigurosa declaración universal de ingresos. Todo esto con el fin, que más personas en condiciones financieramente óptimas paguen impuestos sobre su renta, y para identificar a quiénes tienen ingresos muy bajos y requieren con urgencia un apoyo estatal.  

A pesar de mis platónicas sugerencias, que ya desde hace mucho se les dio un nombre: “Reforma tributaria progresiva”. ¿Cree usted el gobierno actual está dispuesto a hacerla?