Reflexiones sobre el momento que vivimos
Por Juan Carlos Ramón Rueda
Un virus minúsculo y que pareció salir de la nada paralizó la economía, cerró las ciudades, destruyó una a una grandes y poderosas industrias, los países se cerraron al exterior y por primera vez todos los habitantes de nuestra generación sentimos el mismo miedo.
El virus nos recordó la importancia de la solidaridad con el prójimo y nos unió a todos como nunca; así han surgido grandes iniciativas globales y muchas más locales de apoyo a los más pobres y vulnerables. Hay muchos héroes y acciones por destacar y tenemos la esperanza de salir renovados y dispuestos a luchar para corregir el camino. Pero con el virus, también vino el miedo a la muerte y este también nos mostró las debilidades de nuestra sociedad. Gobernantes abusivos sin control se amparan en este sentimiento para manipular y dominar a sus comunidades.
Las redes sociales han mostrado lo perversa e ignorante que es nuestra sociedad. La democracia en todas partes muestra sus debilidades y poco a poco se socavan las libertades, los derechos humanos y retrocedemos décadas en avances sociales y políticos. Vivimos una época trascendental y es preciso tomar las mejores decisiones.
Esta una crisis multidimensional. También se trata de una crisis generacional. No solo es el virus, sino el inminente colapso ambiental el que se suma al escenario apoteósico y de zozobra que constituyen la mala herencia que le dejamos a las nuevas generaciones. El deterioro ambiental es muy grave y los niños que nacen hoy cargaran la enorme deuda futura de nuestras malas decisiones.
Es lamentable que en este mismo momento, cuando tenemos el reto de cambiar las cosas, precisamente, se sigan matando líderes y devastando miles de hectáreas de bosques en la Amazonia. El abuso policial está desbordado. El confinamiento pone en confrontación a los gendarmes con los ciudadanos que ven limitados sus derechos ciudadanos, como el de la movilidad.
El simple hecho de salir a dar una vuelta, o celebrarle el cumpleaños a la abuela convirtió en delincuentes a los ciudadanos. En Neiva un niño de 2 años está en una Uci porque sus padres lo llevaron a comer helado y un policía los agredió cuando se desplazaban en una moto en movimiento. Ese es solo un ejemplo que nos muestra la falta de sentido común de quienes están al frente de la Instituciones. Más que nunca se requiere de verdaderos líderes y de comandantes preparados y justos.
