martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-04-27 01:29

Reflexiones para otra paz

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | abril 27 de 2019

Ya verán los colombianos que muy pronto el gobierno se sentará con la banda autodenominada ELN a suscribir otros acuerdos para hacer “otra vez la paz” (no importa que esta haya volado el  oleoducto Caño Limón-Coveñas que condujo crudo en el Catatumbo –Norte de Santander- hasta el río Tibú y el apreciado Pozo Azul). Y seguro seguirán otras, suponemos con el Clan del Golfo o las GUC, repetiremos la del EPL y Farc, y con otras bandas que se van creando o crearán porque hicimos de esto el mejor negocio posible. De hecho con la del M19 se hizo hace 29 años esperanzados en que entonces sí lográbamos la “paloma de la paz”.

Así que reflexionemos sobre la paz. Y lo primero es decir que esta, cuando se persigue definitiva, se construye sobre la ética y pensando en el largo plazo. Esa es la auténtica paz, y la auténtica “estable y duradera”. La paz entonces no es un estado coyuntural de tranquilidad social. Son condiciones que hacen que no existe ni hay forma de que retorne  la violencia. Esa, exige que se negocie hoy para volver a negociar mañana, sino que acordemos reglas de juego hoy para evitar que surjan nuevos factores de violencia.

Los acuerdos que el gobierno anterior suscribió con la organización autodenominada las Farc, previó un sistema de justicia propio y permitió que, sin ninguna condición previa, sensata pero racional, miembros de esta (incluso condenados ya) ingresaran sin someterse a la democracia histórica al Congreso de la República. Por cierto curiosísimo, porque la banda siempre sostuvo que sus delitos se justificaban porque eran para “derrocar a la oligarquía que se había apoderado del poder”. Se impuso el poder vigente sin consultar al pueblo.

Se fijó una regla imposible de superar en el futuro para cuando otras negociaciones vengan. Y de esta manera la “oligarquía”, presente en el Congreso, aumentará, generando resentimientos presuntamente causantes de que estas organizaciones cometieran toda clase de vejámenes contra los ciudadanos. Y otra, que será la creación de más y más tribunales de justicia especiales y coyunturales para superar las desconfianzas de cada grupo con el que negocie el Estado.

Hay que trabajar sinceramente en las causas que multiplican crimen y organizaciones. Si hemos hecho tantas “paces” y aumentan las bandas cada vez, ¿no debería la sociedad como proponemos, acordar reglas de juego hoy para evitar que surjan nuevos factores de violencia mañana? Llegó la hora de un acuerdo nacional sobre qué paz queremos; auténtico,  racional y lleno de sentido común. Sobre todo ético: que no distinga entre delitos ni entre delincuentes; que la Themis ciega y discreta vuelva a imperar para ser intolerante ante lo que haga daño a la sociedad.  


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