Reencausar el diálogo
El paro nacional que cumple diez días desde su primera movilización, mide nuevamente fuerzas en las calles de las principales ciudades del país, pero especialmente en la capital de la República.
El centro del poder político y administrativo del país tiene un gran reto, garantizar diversidad de derechos fundamentales que pueden entrar en conflicto cada vez que se marcha por las calles.
Por un lado, tenemos el derecho a la manifestación pública, más conocido como el derecho a la protesta. Pero este no es el único ni tampoco es absoluto, a pesar de que muchos de sus participantes consideren que su movilización es una lucha que beneficiará incluso a los “desagradecidos” que no se unen a ella. Lo cierto es que tiene tanto derecho el que marcha como aquel que prefiere seguir librando sus luchas diarias y personales, y que cree que también hace patria en su cotidianidad.
Es cierto, muchos avances y logros sociales se han alcanzado a través de manifestaciones y de episodios de escala mundial, pero no es menos cierto que por cada lucha, la institucionalidad se ha fortalecido y los canales multilaterales para resolver conflictos han prevalecido como el único medio para alcanzar el consenso y la estabilidad.
Sin primera guerra mundial no existiría la Organización Internacional del Trabajo, y sin segunda, no existiría la ONU, es decir, ambas organizaciones internacionales están fundadas en el deseo de evitar que los hechos que les dieron origen se vuelvan a repetir.
Lo anterior, con el único propósito de hacer un llamado a aquellos que romantizan las viejas luchas revolucionarias y ven en el paro nacional un escenario ideal para escribir una nueva página en la historia con tintes turbulentos
Y no es que crea que el paro tenga una connotación violenta, pero si el Gobierno Nacional ha ofrecido ya un dialogo abierto entre los actores y estos aun persisten en sus intenciones de movilizar a un sector de la ciudadanía, queda claro que aquí no hay comunicación con una doble vía, sino más bien, una imposición de condiciones que no están claras del todo.
Aparte del llamado “paquetazo” que está en manos del Congreso de la República (quienes se hacen de la vista gorda, y a quienes los miembros del comité del Paro no les piden razón ni cuenta), ahora han insertado un par de condicionamientos más: Diálogos con el ELN y el desmonte del ESMAD.
Lo ha dicho ya uno de los directivos sindicales que hacen parte del comité del paro “este no es un dialogo nacional, es una mesa de negociación”.
Si estas imposiciones pasan de ser algo excepcional a convertirse en regla generalizada, la democracia ya no sería una cuestión de urnas si no de marchas, y ha quedad claro, que votan muchos mas de los que salen a las calles.
