Rechazamos el vandalismo
El jueves anterior las principales ciudades del país, vivieron una intensa jornada de protestas estudiantiles, que inicialmente se creían, iban a ser pacíficas, pero que desafortunadamente algunos desadaptados sociales se infiltraron en las mismas y generaron actos de violencia, que desencadenaron fuertes enfrentamientos con la fuerza pública, que en muchas ocasiones se vieron superados por el accionar violento mediante la utilización de armas no convencionales.
Estamos plenamente convencidos que debe primar, ante todo, las vías del diálogo y la concertación, que tarde o temprano deberán llegar, dado el tamaño de los retos que presenta el sector educativo en el país. Es inaudito, que se utilicen artefactos explosivos, que son típicos de las empleadas por grupos guerrilleros, para lesionar a los integrantes de la Fuerza Pública, cuando intentaban controlar los desórdenes. Se puede protestar de manera pacífica y ordenada. Los líderes estudiantiles deben comprender que no se pueden vulnerar los derechos de los demás. Esas formas irracionales de protestas no deben permear las sanas movilizaciones para que el Estado atienda sus demandas de mayores recursos para la educación superior del país.
Igualmente, lo sucedido en la Universidad Surcolombiana, se sale del umbral permitido en la sana convivencia que imperar en las protestas sociales. Arremeter contra las instalaciones y equipos académicos de algunas facultades, riñe totalmente con la lógica racional que debe asumir el estudiantado, dadas las limitaciones financieras que posee el primer Centro de Estudios Superiores del departamento. Los daños causados presentan unos costos graves para la universidad y para la vida personal de cada uno de los estudiantes.
Hay que reconocerle al gobierno nacional, la disposición para acceder al diálogo con los diferentes estamentos estudiantiles, para buscar una salida concertada a la profunda crisis que presenta la educación superior. Recordemos que el año anterior a raíz de esta situación anormal, el ejecutivo generó un accionar gubernamental, a través del consenso que condujo a superar los niveles de protesta generalizado que se presentó.
La sociedad colombiana, rechaza de plano todo este accionar vandálico, que se generó en las marchas estudiantiles. Se puede decir que es normal y señal de buena salud democrática que la gente se organice para expresar inconformidades y dar a conocer sus posturas políticas, pero esto, no puede darse de tal modo, que sistemáticamente se estén afectando los derechos de la mayoría.
Igualmente, es inaceptable, que se haga las protestas bajo la premisa de que la mejor forma de alcanzar notoriedad y lograr concretar los objetivos es por la ruta del atajo, de ignorar y, de esta manera, destruir los canales institucionales.
