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Opinión/ Creado el: 2018-03-14 12:18 - Última actualización: 2018-03-14 12:18

Raíces del ateísmo

Escrito por: Froilán Casas
 | marzo 14 de 2018

Creo que el ateísmo virulento del siglo XIX y comienzos del siglo XX, ya ha pasado o, por lo menos ha bajado volumen. En el fondo, cuando un ateo combate a Dios, es porque existe. Los “maestros de la sospecha” como llamó el filósofo del lenguaje Paul Ricoeur a Marx, Nietzsche y Freud, quienes fueron ateos cargados de animadversión a la fe cristiana. Ese esquema parece que ha sido superado. Hoy se ha pasado de la negación de Dios a la prescindencia de Dios, esto sí que es grave. Hemos llegado a una ciudad secular en que no importa Dios, es más, Dios sobra. En una obra que leí últimamente del polaco judío, declarado comunista y seguidor del materialismo histórico, Zygmunt Bauman, Modernidad Líquida, nos muestra una cultura postmoderna marcada por el pensamiento líquido, es decir, sin enjundia, hueco, vacío, producto de la era del sentir antes que del pensar. Para muchos, en nuestro medio, el cristianismo no le dice nada, es más, es inocuo. ¿Por qué? Porque la fe cristiana, en muchos ambientes no significa. Estamos en la cultura de los símbolos, el lenguaje semiótico, sí que impacta. Pero, un cristiano desteñido, ¿qué va  a impactar? Es más, podríamos llegar hasta apostatar de la poca fe que tenemos, cuando constatamos la incoherencia de vida de los cristianos; aparece la inocuidad del Evangelio cuando no se traduce en la conducta. Alguien le preguntó a una gran Padre de la Iglesia, Teófilo Antioqueno: “¿Demuéstrame a Dios?”. Teófilo respondió: “Muéstrame tu conducta y te diré quién es Dios”. Sí, definitivamente Dios no es una demostración, es una mostración. El dios de la retórica, de los gritos apasionados y esquizofrénicos, de los apasionados predicadores, no es creíble. Es el Dios encarnado en la conducta el que se hace creíble. El dios narcótico de los grupos apasionados y viscerales, distancian al hombre de la ciudad secular del verdadero Dios que opta por el hombre y se juega la vida por él. Los Padres conciliares del Vaticano II nos decían: “El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos, debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época”. No cabe duda que muchos cristianos con su conducta falsifican el rostro de Cristo. Juliano, considerado el “emperador apóstata”, tuvo una experiencia muy dolorosa: su padre fue ajusticiado por los esbirros del emperador “cristiano”, Constancio; entonces Juliano se preguntó: si esto hace un emperador cristiano, ¿qué es, entonces, ser cristiano? Es triste pensar que los cristianos, en parte, somos culpables de la prescindencia de Dios en la ciudad secular. Los cristianos no hacemos, con nuestra vida, significativo el nombre de Dios. Sólo la conducta respalda a las palabras. Hoy sí que hay predicadores de la Palabra de Dios. Nunca como ahora se ha comercializado tanto a Jesucristo. Se le vende bajo recetas y pócimas. Se le mercadea con gritos, coreografías variopintas, gritos y aleluyas y se alimenta el temor ofreciendo prosperidad y bienestar a cambio de diezmos y buen aporte económico. La alienación que expresaban los “maestros de la sospecha”, se hace realidad. ¡Cómo se comercializa la hermosura del Evangelio!

 Froilán, obispo de Neiva


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