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Opinión/ Creado el: 2018-08-26 04:58

Quién es Jesús para mi y quien soy yo para los demás

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 26 de 2018

Por el P. Toño Parra Segura 

Muy conocido y repetido es este pasaje del Domingo 21 del tiempo ordinario de la Liturgia: es tomado del cap. 16, 13 - 20 del Evangelio de San Mateo.

Es la primera encuesta que hace Jesús no por vanidad política sino para conocer mejor el Equipo apostólico, la “masa crítica”, que el había elegido y que estaba todavía formando. Sabemos que un buen equipo necesita de la habilidad del líder para integrarlo, pero va más allá de un grupo de personas; Jesús sabía que no podía hacerlo todo, que su tiempo de trabajo era corto y creyó en el Equipo y esto es indispensable para cualquier empresa. Los escritos del Nuevo Testamento y la tradición cristiana abundan en testimonio sobre la primacía de Pedro entre los demás apóstoles.

El único a quien Jesús cambia el nombre de “Simón” que significa el débil, por el de Pedro, que es piedra, roca firme; encabeza la lista, toma siempre la iniciativa aunque sea la de cortar la oreja al que ultrajaba a Jesús o la de responder inspirado a la pregunta que hoy les hace el Señor: “¿Vosotros quien decís que soy Yo?” “¡Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios!”.
Jesús escoge la barca de Pedro, se hospeda en su casa, cura su suegra de una fiebre, lo manda a pagar el impuesto por Él, es uno de los tres íntimos, pero de los más contestatarios, el que inicia la predicación misionera después de Pentecostés, el que rige la primera comunidad, también el que más se le atraviesa al maestro, el que lo niega con juramento ante una criada, el que le insinúa no ir a Jerusalén, y que dió la vida con la cabeza hacia abajo para confesarlo: ese es el personaje de la historia apostólica.
Tiene razón Jesús en ponerlo como cabeza visible de su Iglesia, única con poderes especiales, invencible y servidora. Nos gozamos los católicos de no tener una Iglesia improvisada, inventada por los hombres sino cimentada sobre la roca principal que es Jesús, pero delegada en su organización de todos los siglos: el Papa actual, sucesor de Pedro.
Las llaves que le entregará Jesús no son de cortesía de visitante, ni de lujo diplomático, son de verdad de “atar y desatar” en una continua sucesión apostólica.
Muerto Pedro, esa Iglesia tenía que seguir con el mismo fundamento de roca y esa es una ventaja grande para la confesión de la fe, que todos hacemos.
Jesús quiere saber lo que piensa el grupo de los que estaba preparando y delega al grupo presidido por Pedro la futura organización. Hay que creer en las personas, saber delegar; Jesús creyó en ellos, a pesar de todos los defectos que tenían de avaricia, de interés, de miedo y de traición.

La gente, nuestra gente, se eleva a niveles insospechados cuando se cree en ellos.
El Evangelio nos cuestiona para que hagamos también encuestas sin miedo. ¿Qué piensa la gente de nosotros hoy?, del Obispo, de los sacerdotes, de los evangelizadores? Qué piensa de nuestra predicación? Sí estamos llegando con una palabra sencilla al alcance de todos y que convenza?, o estamos cansando a la gente con largas predicaciones que nadie entiende?; El pueblo de Dios está pendiente de quienes representamos a Cristo en el hoy de la historia. Cuántos se alejan por la falta de nuestro testimonio, de “predicar pero no practicar” y esta falta de coherencia obstaculiza por lo menos el fruto de la palabra.

Necesitamos entonces saber quién es Jesús para mí: es un Señor de la historia que murió y resucitó? O es el Emmanuel, un amigo que camina con nosotros que se aparece en el pobre, en el desplazado, en el que no nos quiere?. El Pan que partimos en el altar lo compartimos en la calle?. Y quiénes somos entonces para los demás: amigos y servidores o funcionarios de oficina e inquisidores sólo de conciencias? La segunda pregunta de esta encuesta es tan importante como la primera, ya que de ella depende una verdadera evangelización y conversión.

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