Que esperamos de la JEP
Después de un trámite supuestamente riguroso, se ha elegido a los miembros del Tribunal que ha de ocuparse de juzgar a los colombianos, entiéndase bien, a los colombianos que de una u otra forma hayan participado en el proceso de violencia que se vive y se sigue viviendo, pero que están referidos a los Acuerdos de la Habana, y a uno que otro de aquellos que con arandelas y sobre la base de negociaciones, se hagan partícipes de dicho proceso.
Somos escépticos con éste proceso. No somos opositores de los procesos de Paz. Que quede muy claro que no estamos en contra de la reconciliación, de la negociación o de los procesos en los que haya que demandar de ciertos sectores, acciones propias de la dejación de armas y de los escenarios propicios para la violencia. Pero lo que no podemos aceptar es que en ese proceso de sometimiento, el Estado Colombiano, siga viviendo esas etapas cíclicas de desmoronamiento integral en todas sus instituciones, como fruto de la corrupción, de un Congreso hasta la médula cuestionada y de unos gobernantes de turno, que en nada contribuyen a la ética, a la trasparencia y al manejo de los recursos con los fines sociales para los cuales se han diseñado, aunado a la crisis en lo más profundo de sus funcionarios judiciales, y de la forma de amañar las decisiones o sentencias judiciales.
La Paz es un derecho y un estado de cosas del ser humano que en todo momento debe estar por encima de todo, pero que solo es posible cuando se logre desarrollar una sociedad dentro de un presupuesto igualitario, de respeto, de tolerancia y donde la Justicia, sea la base angular de las relaciones entre los ciudadanos y entre los dirigentes con los habitantes. Cuando los entes de control sean garantes del reconocimiento de los derechos de las comunidades y sus ejecutores hayan obrado conforme a la Constitución y la Ley, sin aprovechar su cuarto de hora para enriquecerse, como sucede hoy en día, y donde la política se ha tornado en una profesión indigna para acceder o de mantenerse en ella, será cuando podamos volver los ojos a la legalidad y a la transparencia de la cosa pública. Será el momento en el que dicha función pública esté por encima del bien y del mal.
Este Tribunal y sus salas ya han sido cuestionada. Y lo más grave aún, es que con la JUSTICIA TRANSICIONAL EN COLOMBIA, lo único que se busca es acabar de cercenar lo poco que nos queda del Derecho. Después de presenciar todo el andamiaje de lo que es y ha significado la violencia en Colombia, saber que han existido delitos de lesa humanidad y que bajo la premisa de confesar cada uno de ellos, se pueda retornar a la legalidad y se pueda hacer parte de los procesos sociales e históricos del pueblo colombiano, consideramos que no es posible.
Se suma a este episodio grotesco de la política, la forma de negociabilidad en que incurre el gobierno para poder obtener la aprobación de la misma, de la forma como dentro de su propio equipo de colaboradores, haya funcionarios que siguiendo las orientaciones partidistas, en determinado momento se aparten de consolidar un proyecto y de trabajar unificados para hacer más práctico y evidente un apoyo a ese entuerto creado como las JEP en los procesos de paz, sin que en el fondo, el mismo Presidente, adopte mecanismos de unificación o de desconocimiento de esa piedra en el zapato que le estorba al caminar. Eso es una forma sinvergüenza de aceptar y prohijar un despropósito dentro de su propio ser.
