Publicidad política engañosa
Por Luis Humberto Tovar Trujillo
Aparecieron como por arte de magia, los redentores de la Colombia agobiada, y en estado de postración, en que la han dejado este gobierno, en un dañado y punible ayuntamiento con las tres ramas del poder público.
Y no es de menor importancia, la presencia en el pasado reciente, de los congresistas en su mayoría, pertenecientes a todos los partidos políticos involucrados en la famosa coalición, hoy debería llamarse, asociación para delinquir, como efectivamente ha sido, por los reiterados golpes de estado perpetrados a nuestras instituciones.
Desde el atraco sucedido a las elecciones donde fue evidente el triunfo de Oscar Iván Zuluaga, pasando por la comprobada financiación ilegal de la campaña Santos, la destrucción del patrimonio nacional para dedicarlos a pagar favores a los congresistas, muchos episodios denigrantes y asquerosos sucedidos, con motivo y razón de este gobierno.
La entrega al narcoterrorismo con impunidad total, y hoy por arte de magia, aparecen esos mismos con estos antecedentes, pidiéndole al país, con el dinero del atraco al presupuesto nacional y a los bienes del Estado, comprando voluntades para continuar con esas maniobras propias de estafadores mientras la Nación se disuelve.
Utilizan mensajes publicitarios estridentes y extravagantes, esencialmente cínicos, mostrándose como redentores, de un país que ellos mismos llevaron al estado de postración.
Me ha parecido especialmente ilustrativo el mensaje promovido por la campaña del aspirante al senado Hugo Tovar Marroquín, quien aparece quitándose la mordaza en que han sometidos a los colombianos, los que pretenden ser reelegidos, donde han brillado por la corrupción, y el deterioro del país.
Quitándose simbólicamente esa mordaza, y enviando el mensaje a sus electores de tener la capacidad ineludible, de luchar contra los males del país, denunciar la corrupción, perseguirla, luchar contra el terrorismo y su impunidad, recuperar la legalidad y la justicia, sacar a Colombia de la ruina moral y económica en que está sometida.
Es un mensaje confiable, por la personalidad, el arrojo, y la decidida capacidad de denuncia de que es titular el aspirante Tovar Marroquín, y de seguro, hará retumbar los cimientos del congreso como en las mejores páginas de nuestra historia.
Lo demás, es pura palabrería cínica; no hay en los slogans de las campañas un solo ápice de honestidad, salvo una o dos escasas excepciones; donde está ausente la “grandeza” de confesar la traición al elector; la grandeza brilla por su ausencia.
