PROTESTAS SOCIALES Y CORONAVIRUS…
POR AMADEO GONZALEZ TRIVIÑO
Las protestas sociales que recién se retoman por la población colombiana, como manifestación de inconformismo, de indignidad y de repudio contra la clase dirigente y las instituciones nacionales, fueron aplacadas intempestivamente por dos fenómenos que no podemos desconocer: la navidad del 2019 y el coronavirus que despegó y generó desde el mes de marzo del presente año, todo un adormecimiento por el pánico generado y el miedo y el terror de la muerte que se generalizó y fue la forma de represar esa inconformidad que estaba latente.
En muchas ocasiones nos hemos puesto a analizar qué habría pasado si la cuarentena no se hubiera establecido como lo hizo el gobierno nacional, cuando en los inicios del año se empezaba de nuevo a hablar de un gran paro nacional y se venía consolidando todo un movimiento de indignidad frente a la situación social, política y económica que viene en alza, frente a la imposibilidad de comunicación del gobierno central con la ciudadanía, frente a la imposibilidad de un verdadero tratamiento y acercamiento entre la clase dirigente y sus electores.
Hemos sido ciegos, sordos y mudos. No hemos querido entender que pretender responsabilizar a sectores políticos de los desmanes ciudadanos que se presentan en las protestas, es una forma de engañarnos a nosotros mismos, es una forma de querer desconocer que el pueblo colombiano, no de ahora, desde hace muchos años, viene sufriendo una serie de atropellos, de vulneración de sus derechos, de desconocimiento de los mismos y que no hay institución que haya puesto todos sus funcionarios públicos en combatir ese flagelo de distanciamiento social, esa angustia que se genera con el despilfarro del erario público, con la corrupción misma, y con la aplicación de las normas de comportamiento que llevan a reconocer que la transparencia en las mismas elecciones regionales o nacionales, siempre están marcadas por la influencia de recursos económicos de dudosa procedencia o de dineros productos del narcotráfico o del delito.
Querer en determinado momento aplicar todo el rigor de la ley contra unos vándalos que aprovecharon un momento de alzamiento popular y de protesta social, por un atropello ciudadano, es un error, al igual que querer entender que solo los dos patrulleros de la policía son un caso aislado que debe sufrir todo el imperio de la ley. Téngase en cuenta que conforme a los informes y noticieros, ellos iniciaron un proceso censurable, que muy pronto llegaron otros que se sumaron al procedimiento, que lo trasladaron hasta un CAI, donde persistió el ataque y terminó en forma misteriosa con la muerte del ciudadano, advirtiendo que cuando llegó a recibir la atención médica, ya había perdido la vida.
La complejidad de los procesos históricos vividos a lo largo de la historia de los pueblos, está signado sin lugar a dudas, por hechos que eventualmente pudieran parecer intrascendentes, pero que llevan una marca que no podemos desconocer y que trascienden más allá de cualquier racionalidad, si se deja de analizar el trasfondo que se esconde dentro de la estructura social, interna de los pueblos que la conforman.
Muchos dirán, pero qué infantiles que por no prestar un florero, se armara una reyerta que terminó con el grito de independencia. Otros dirán que la historia colombiana es diferente a la de todos los pueblos del mundo, pero lo único cierto es que la opresión, las formas de esclavitud o de desconocimiento de los derechos del ser humano, terminan siendo los grandes derroteros sobre los cuales se edifican procesos renovadores y de cambio, generadores de estructuras diversas, donde el ser humano, como epicentro de la sociedad, como eje de la misma, es el encargado de mejorarla o de pervertirla.
El control social se da de una u otra forma. El control social surge espontáneamente y duele que así se manifieste, pero es la única forma de abrir canales en una sociedad en la que la protesta de las comunidades, sin importar el color político, todas buscan una forma de reconciliación, de solidaridad, de apoyo y de ayuda mutua y así la requieren, la esperan y la generan para con sus dirigentes, y no por el contrario, en medio del abandono, de la mentira y de la oferta de apoyos que nunca se concretan o que se hacen a medias, dejando a lo largo de la historia elefantes blancos y un sinnúmero de obras públicas que terminan siendo nidos de ratas, porque los recursos nadie los controló o sirvieron para pagar favores o financiar campañas que olvidaron a sus electores y solo enriquecieron a unos pocos contratistas y dirigentes políticos que estuvieron al frente de dichos proyectos.
