Opinión/ Creado el: 2018-12-08 02:25
Protestas: ¿derechos sin obligaciones?
En Colombia somos más proclives a hablar, defender y abogar por los derechos que por las obligaciones. Es frecuente escuchar a los colombianos en el exterior decir que les gustaría regresar a Colombia porque acá se pueden hacer cosas que donde viven no. Nos gusta tener derechos pero ninguna obligación.
Un hecho diciente de lo anterior es que la Constitución Política de Colombia tiene cuatro capítulos de derechos y tan solo uno de deberes u obligaciones (Título II-De los derechos, garantías y los deberes). Más aún, fíjese el lector en dos cosas: 1. Se dice “derechos y garantías” y tan sólo “deberes” (no obligaciones), y 2. Son 84 artículos originarios sobre derechos y garantías y tan sólo uno para listar los deberes y obligaciones.
Cuando sosegadamente se analizan los equilibrios entre derechos y deberes, es fácil hallar que por un derecho que tengamos, surgen muchos deberes para hacerlo respetar. Por ejemplo, tenemos derecho a la protesta. Sin discusión. Pero ello supone el deber de respetar los horarios que la autoridad fije o los lugares donde o por donde se pueda hacer, para permitir y respetar el derecho de otros de movilizarse. Porque el derecho a la protesta debe respetar el derecho a no protestar o la obligación/deber de garantizar la movilidad de otros que incluso pueden ser la mayoría.
Dijo el filósofo y poeta cubano José Martí: “Ha de ser limpia la casa y la conducta”. Cubano, allá donde la la disciplina y el cumplimiento de la “ley” es riguroso la filosofía enseña que donde se vive debe ser igual a la conducta; limpias. Acá donde todo es indisciplina y donde los supuestos de unos afectan a las mayorías, se hacen protestas con desfiles y marchas arguyendo muchas veces al filósofo cubano pero desoyéndolo, y entonces, rayan las paredes de casas y establecimientos de comercio privados sin permiso, arrojando bombas, obstruyendo el libre tránsito de los que no quieren protestar y amedrentando al que no está de acuerdo con ellas. Porque es que la libertad es eso: estar o no de acuerdo con los motivos de las protestas. Y el derecho a protestar, trae consigo los deberes de respetar y cuidar a los demás y sus bienes.
Con las protestas por la educación, lo cual insistimos es un derecho legítimo de quienes así lo quieren hacer, surgen deberes incluso más valiosos: el de respetar las diferencias, el de escuchar otras opiniones, el de cuidar los bienes, el de proponer soluciones estructurales: extrañamos que no se abogue por mejores docentes, por más exigencias en las calificaciones, por evitar los daños a salones y edificios de educación públicos.
Protestemos todos porque es un derecho, pero hagámoslo cumpliendo con los deberes sociales que tenemos o deslegitimamos nuestros derechos.
Un hecho diciente de lo anterior es que la Constitución Política de Colombia tiene cuatro capítulos de derechos y tan solo uno de deberes u obligaciones (Título II-De los derechos, garantías y los deberes). Más aún, fíjese el lector en dos cosas: 1. Se dice “derechos y garantías” y tan sólo “deberes” (no obligaciones), y 2. Son 84 artículos originarios sobre derechos y garantías y tan sólo uno para listar los deberes y obligaciones.
Cuando sosegadamente se analizan los equilibrios entre derechos y deberes, es fácil hallar que por un derecho que tengamos, surgen muchos deberes para hacerlo respetar. Por ejemplo, tenemos derecho a la protesta. Sin discusión. Pero ello supone el deber de respetar los horarios que la autoridad fije o los lugares donde o por donde se pueda hacer, para permitir y respetar el derecho de otros de movilizarse. Porque el derecho a la protesta debe respetar el derecho a no protestar o la obligación/deber de garantizar la movilidad de otros que incluso pueden ser la mayoría.
Dijo el filósofo y poeta cubano José Martí: “Ha de ser limpia la casa y la conducta”. Cubano, allá donde la la disciplina y el cumplimiento de la “ley” es riguroso la filosofía enseña que donde se vive debe ser igual a la conducta; limpias. Acá donde todo es indisciplina y donde los supuestos de unos afectan a las mayorías, se hacen protestas con desfiles y marchas arguyendo muchas veces al filósofo cubano pero desoyéndolo, y entonces, rayan las paredes de casas y establecimientos de comercio privados sin permiso, arrojando bombas, obstruyendo el libre tránsito de los que no quieren protestar y amedrentando al que no está de acuerdo con ellas. Porque es que la libertad es eso: estar o no de acuerdo con los motivos de las protestas. Y el derecho a protestar, trae consigo los deberes de respetar y cuidar a los demás y sus bienes.
Con las protestas por la educación, lo cual insistimos es un derecho legítimo de quienes así lo quieren hacer, surgen deberes incluso más valiosos: el de respetar las diferencias, el de escuchar otras opiniones, el de cuidar los bienes, el de proponer soluciones estructurales: extrañamos que no se abogue por mejores docentes, por más exigencias en las calificaciones, por evitar los daños a salones y edificios de educación públicos.
Protestemos todos porque es un derecho, pero hagámoslo cumpliendo con los deberes sociales que tenemos o deslegitimamos nuestros derechos.
