Proteger a los menores
De acuerdo con las estadísticas emanadas por el Instituto de Medicina Legal se han venido un crecimiento exponencial durante los últimos años sobre los abusos sexuales a las menores de edad. Desafortunadamente la sociedad contemporánea ha estado padeciendo de una sanidad mental, porque ha sido afectada permanentemente por la resignación a las arbitrariedades y los atropellos de los que aprovechan el poder.
Desafortunadamente la laxitud de la justicia alimenta la alta reincidencia del arsenal argumental de los máximos castigos para los depredadores. Diariamente se reportan en el país, 60 casos sobre este abominable delito, que ha generado entre la opinión pública una agitación de las banderas de quienes claman por la implementación en la legislación colombiana, de la cadena perpetua. Todos sabemos que este decimonónico castigo, está proscrito en el artículo 34 de la Constitución Política de 1991. Además, algunos tratados internacionales que suscribió el país en el siglo pasado, así lo establecen.
Es importante proteger por todos los medios a los menores, pero en el cumplimiento de esta obligación, debe primar la razón sobre la indignación. Por este motivo, es tal la indignación de la sociedad colombiana por estos abominables hechos, que los precursores de la cadena perpetua han venido exigiéndole al gobierno nacional, la implementación de este castigo cruel y desproporcionado para otros. Igualmente, el costo de mantener un preso en condena perpetua asciende a un promedio de 18,3 millones de pesos, anualmente.
No existe razón alguna que se utilice el poder para fomentar estas prácticas detestables en universidades, Instituciones educativas y otras organizaciones empresariales. El mensaje ha sido claro y simple: nadie puede valerse de ninguna posición de poder, ni de la fuerza, ni del dinero, ni del lugar en el organigrama, ni de la investidura ni del prestigio, para imperar sobre otro. Es hora de desaprender los peores errores que los hombres han cometido en la relación con las mujeres, y también de rebelárseles a las pequeñas tiranías que fueron comunes en los tiempos en los que el machismo no solo era tolerado, sino asumido como una realidad invariable e incuestionable: un hecho.
Algunos expertos sobre la materia aseguran que los aumentos en las cifras sobre estos delitos tienen que ver, con el crecimiento de las denuncias y que ha ido cediendo la cultura del silencio, porque el número de depredadores se encuentra relacionado, con las nuevas tecnologías que escapan a la supervisión de los padres. En muchas ocasiones los depredadores se valen de las redes sociales para emprender sus horrendas cacerías.
