Promesas de campaña: entre la mentira y la fantasía
Las campañas políticas se estructuran hoy día como verdaderas empresas electorales, en las que se pretende vender un producto al posible elector, así sea con propuestas irrealizables pero que generen impacto favorable en un buen sector de la población.
Muchos de los candidatos que hoy contaminan la ciudad con vallas y pasacalles, con caras sonrientes y slogans de campañas publicitarias, presentan iniciativas que pretenden seducir al ciudadano con engaños, buscando obtener votos a cualquier precio. Promesas como luchar por el aumento de salarios, reducir los impuestos, imponer cadena perpetua a violadores, penalizar el consumo de la dosis personal o prohibir la eutanasia, son simplemente irrealizables y timarán a más de un ingenuo.
O proposiciones más genéricas que aprovechan el deseo de toda sociedad, como luchar contra la violencia y el narcotráfico, o erradicar la inseguridad en los campos y ciudades, o defender a los niños, son otras patrañas politiqueras que no pocos candidatos están ofreciendo, pero que exceden de sus reales posibilidades.
Ideas como las anteriores y muchas otras similares quedarán en el universo de los compromisos incumplidos, debido a las limitaciones que tienen los congresistas en su trabajo legislativo.
El trámite de un proyecto de ley –si es que lo presentan- y su eventual aprobación en el Congreso, tiene muchas variables que lo hace depender de la agenda del presidente, de los acuerdos programáticos en los partidos políticos y en últimas de las coyunturas sociales.
Otras iniciativas son simplemente irrealizables por las limitaciones constitucionales existentes e incluso por los tratados internaciones vigentes. Sería el caso por ejemplo de la inclusión de la pena de muerte en Colombia, la cual es prácticamente imposible. Asimismo, algunas son sencillamente fantásticas como pretender bajar o congelar los salarios de los Congresistas.
Por ello, el elector debe elegir bien y no dejarse llevar por propuestas irrealizables, que solamente causarán una nueva desilusión en un órgano legislativo ya bastante desprestigiado. (*Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO).
