Problemas en el paraíso
Por: Jesús Andrés Vargas Gutiérrez
Aquellos que hemos tenido la fortuna de visitar el municipio de Algeciras, podemos dar fe de su exuberante belleza, de sus múltiples colores, de su intenso verde, de las cañadas escondidas, pequeños valles y montañas imponentes; y que decir de su gente amable y trabajadora que con su esfuerzo le dan sustento al título que lleva su municipio de “despensa agrícola del Huila”.
Sin embargo, no todo puede ser perfecto en el paraíso, y aunque la violencia no sea algo nuevo en dicha región, los recientes acontecimientos de masacres, atentados sicariales y demás actos que atentan contra la población, se han visto incrementados al menos en sevicia y notoriedad.
Algeciras es un municipio que según cifras del DANE, cuenta con un poco mas de veinticinco mil habitantes, este número puesto frente al número de víctimas de hechos ocurridos allí, resulta revelador. La Unidad para la atención y reparación integral de las victimas del conflicto armado, nos habla de 18 mil personas, de las cuales cinco mil viven allí. Un porcentaje escandalosamente alto si tenemos en cuenta que Neiva, con casi cuatrocientos mil habitantes registra veintiún mil.
Hablar de las razones del por qué este ente territorial ha resultado tan golpeado por la violencia y el terrorismo, tiene tanto de largo como de ancho, pero podríamos hablar de un factor innegable, su locación geográfica. No solamente Algeciras es un territorio incrustado en plena cordillera oriental, con una topografía bastante quebrada, sino que además, se encuentra en límites con el Departamento del Caquetá, más específicamente, muy cerca a la antigua zona de distensión, siendo el corredor predilecto de la “desaparecida” columna Teofilo Forero de las FARC, ahora convertida en disidencias, y de tráfico de estupefacientes.
Esto sumado a un abandono estatal, ha llevado a que se cree una ley alterna en las decenas de veredas apartadas cuyos habitantes deben rendirle cuenta a señores de la guerra que con o sin garantías, prefieren seguir de pistoleros infringiendo terror en las comunidades.
La ultima aparición del mandatario local en medio de un “retiro espiritual” parece ser la fiel muestra de cómo la institucionalidad aborda esta problemática, como si fuera una cuestión de la misma idiosincrasia del pueblo y no como algo que reviste la mayor atención y dedicación para llegar y quedarse en la región.
