Prisión, libertad e independencia
Desde el fondo de una crisis interna de contenido internacional, la justicia española, ha dado una lección que tendrá unas consecuencias impredecibles, al ordenar la captura, la detención y amenazar con pena de prisión a presuntos autores de una suma de delitos que imponen una pena mínima de treinta y cinco años de privación efectiva de su libertad a quienes han venido propiciando el proceso de independencia de la región de Cataluña.
Es entonces la libertad, el reclamo de todos los que han acompañado y conocen de cerca este proceso independentista, esa concepción de libertad del pensamiento ha sufrido una dura reprimenda con la decisión de los jueces, y se torna en una amenaza real, que ha de terminar por ser una forma de silenciar la oposición, frente a las elecciones del 21 de diciembre, cuando el Gobierno Central, se propone, recuperar la dirección y el manejo político de esa región.
Rebelión, sedición y malversación de recursos del Estado, son las conductas imputadas a quienes han hecho parte del Parlamento Catalán que pregonó su independencia en los pasados días e incluso a quienes se han opuesto a dicha decisión.
Y los hechos se van recapitulando de tal forma, que once procesos históricos que puedan vivirse en toda Europa, e incluso en la misma España, como lo son Galicia, Navarra, y el País Vasco, al igual que los procesos separatistas de contenido europeo, como Flandes en Bélgica, Italia con la Liga del Norte, Groenlandia, las Islas Feroe, y el asunto Irlandés entre otros casos, hacen parte de una fuerza extraña que ha de decantarse al máximo para presentar o formalizar de otra manera, su propio proceso histórico y no repetir la historia de lo que ha sucedido hoy en día en Barcelona.
Además se tiene que no se podrá negar, que este proceso interno separatista e independentista, tiene su razón de ser, en la forma como han sido tratados por los diferentes gobiernos de turno, amén de la corrupción o la forma de desgobernabilidad o de privación de los principios de autonomía que se ha vivido en el seno de dichas comunidades y que se ha recrudecido en los últimos años, con la inacción de la misma Justicia que hoy pondera y defiende las medidas adoptadas por los jueces contra por los líderes del proceso independentista.
No es sencillo poder entender entonces, que esa forma de pensar, esa lucha por la independencia, dentro de los linderos de una propia democracia, cono la española, termine siendo silenciada con el apoyo de la justicia en un proceso, que ha de tener fuerzas para generar, como está sucediendo ese reclamo, esa exigencia de libertad y de reconocimiento de las ideas políticas. Hoy silenciadas con presos políticos, de lo cual, los partidos tradicionales se oponen a dicho reconocimiento y por el contrario, pregonan la defensa de un Estado de Derecho y del respeto por la decisión de sus jueces, cuando a la hora de la verdad, ni uno ni otro, son el verdadero trasfondo de la discusión política que se vive entre las colectividades.
Hay un descontento, hay una fuerza que mueve a un nacionalismo y que se opone a una lucha por las regiones. Hay un choque de opiniones y de decisiones, que ha de generar procesos históricos complejos, y de una violencia soterrada, donde el poder, se está jugando con un material muy peligroso, con elementos que son utilizados para pretender soportar y mantener una unidad, que en el fondo, no existe y no puede darse contrariando los principios de autonomía de cada pueblo.
De paso por estas tierras y luego de considerar que existen fundamentos para apoyar y defender el sentido independentista de los pueblos, la decisión de los jueces, deberá ser reversada para procurar mantener el equilibrio social, respetar la voluntad popular y no volver a la época de la violencia y del sectarismo, como en el fondo, parece que se quiere recuperar o restituir a la vida ordinaria del pueblo español.
