lunes, 06 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-08-09 07:24

Primer año de Duque

Escrito por: Ernesto Cardoso Camacho
 | agosto 09 de 2019

Es una buena y curiosa coincidencia que el Presidente Duque esté cumpliendo su primer año de gobierno al tiempo que conmemoramos los 200 años de la campaña libertadora que nos dio la independencia republicana.

Para realizar una evaluación objetiva e imparcial acerca de la eficacia de su gestión gubernamental es indispensable despojarse de sectarismos políticos e ideológicos. Muchos analistas, columnistas y dirigentes políticos y gremiales han formulado sus particulares observaciones e incluso medios escritos de Inglaterra y España; valoraciones en las cuales es fácil distinguir un común denominador, según el cual, censuran con cierta dosis de intolerancia el hecho que mantenga la lealtad política con su partido y en especial con su mentor el expresidente Uribe.

Sin embargo, la mayor falencia de quienes lo censuran y por tanto consideran que su primer año ha sido improductivo o ineficiente, consiste en que no reconocen la inobjetable coherencia entre lo que propuso a los electores y lo que está ejecutando desde el gobierno.

Mantener la separación de poderes para que cada uno asuma su rol institucional con autonomía e independencia, ha sido una evidente postura del presidente que contrasta con lo que se observó en los últimos 8 años.

La conformación de su gabinete y de los más altos cargos de la rama ejecutiva la ha hecho con absoluta autonomía, privilegiando la formación técnica, la capacidad y experticia de cada uno con relación a la función pública de su cargo, evitando la influencia partidista que ha caracterizado la parcelación del poder presidencial.

Es sin duda alguna un nuevo esquema del ejercicio del poder. La reforma política adoptada en virtud del acuerdo de Santos con las Farc, obligó a los partidos a que, con vigencia de un año, decidan libremente si optan por ser independientes, de oposición o amigos del gobierno en la actividad legislativa. Ya hemos observado diversas consecuencias de tal mecanismo, pues han sido diversos y ardientes los debates que han ocurrido por cuenta de la alianza entre opositores e independientes contra ciertas iniciativas del gobierno.

No obstante, el presidente mantiene y reitera su respeto a la autonomía e independencia de los partidos que se expresan en el congreso. Curiosamente desde los partidos que ofician como independientes o de oposición arrecian su crítica a éste nuevo esquema, reclamando con insistencia y quizás con desespero, que el presidente modifique su postura y les ofrezca generosa participación en ministerios y altos cargos de la burocracia nacional y regional.

Todo indica que se resisten a abandonar las costumbres clientelistas que les han asegurado su permanencia en los escenarios electorales, desconociendo que ése clientelismo es precisamente el que los ha desprestigiado y que por desgracia es el responsable de la pavorosa corrupción que padecemos.

Los jefes y dirigentes de esos partidos y los analistas nacionales e internacionales que censuran la gestión del presidente en su primer año, olvidan deliberadamente que su propuesta programática giró sobre tres ejes fundamentales: legalidad; concepto que implica lucha frontal contra el narcotráfico, las bandas criminales que se alimentan de éste, la delincuencia común y la corrupción política y administrativa; emprendimiento; concepto que implica crecimiento económico para generar empleo y estimular la creatividad innata de los colombianos; y equidad social; elemento indispensable para superar la pobreza y mejorar la calidad de vida de todos los colombianos.

En conclusión, una seria valoración del desempeño del gobierno del presidente Duque debería realizarse sobre el avance de éstos tres ejes programáticos, y no sobre los parámetros políticos del pasado, pues ellos son precisamente, los que no nos han dejado avanzar en democracia y desarrollo. Con Duque podríamos conseguir la independencia liberadora de la politiquería y el clientelismo.