Preservar nuestra identidad cultural
Por Maria del Carmen Jimenez
Somos depositarios de un variado y rico patrimonio cultural que nos convierte en un país multicultural y diverso. Esa es nuestra gran riqueza. Poseemos tradiciones, costumbres, formas de vida, creencias, actitudes, valores distintivos en cada territorio. Eso nos imprime la identidad cultural. La cultura desempeña papel esencial en la vida de los pueblos, por eso es una necesidad preservar la identidad que nos caracteriza.
Vivimos en un mundo que avanza hacia la globalización deshumanizada. Este contexto complejo debe motivarnos a fomentar una política cultural que se encamine por las sendas de lo auténtico e identitario sin aislarnos del mundo y sus desarrollos; entre otras cosas, porque cultura y desarrollo no son términos contrapuestos. La Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo creada desde 1992 por la Organización de las Naciones Unidas con el respaldo de la Asamblea General, estableció en su informe: “Es inútil hablar de cultura y desarrollo como si fueran dos cosas separadas, cuando en realidad el desarrollo y la economía son elementos, o aspectos de la cultura de un pueblo. La cultura no es pues un instrumento del progreso material: es el fin y el objetivo del desarrollo, entendido en el sentido de realización de la existencia humana en todas sus formas y toda su plenitud”.
En Colombia estamos lejos de lograr la materialización del desarrollo así concebido. Cada vez más nos aproximamos a la disolución del sentido de soberanía nacional en virtud de la nueva economía que mueve al mundo y la “desterritorialización” de la cultura como consecuencia del uso indiscriminado de sofisticados medios de comunicación y patrones culturales foráneos. Esto nos convoca, por lo menos, a recibir, incorporar o utilizar los nuevos elementos culturales vengan de donde vinieren, de manera soberana, acorde con los intereses históricos de nuestro pueblo; evitando que se anule o deforme nuestra identidad cultural. La mejor señal de identidad subjetiva o de grupo es la capacidad de reconocer lo propio y asumirlo como tal, eso nos da arraigo, sentido de pertenencia, permite apropiarnos y conservar la herencia cultural y nuestra memoria histórica, no para quedarnos en el pasado, sino para iluminar el presente.
Como la cultura es la dimensión que le da sentido a la vida es importante entender también que la educación es la vía eficaz para conservar y desarrollar la identidad, porque coloca como centro del proceso educativo a la persona como sujeto histórico cultural y posibilita el encuentro con sus raíces y tradiciones. Rescatar, estudiar, preservar, promocionar los valores culturales más auténticos es nuestra tarea y la del Estado en todos sus niveles.
En el Huila estamos en pleno festival folclórico que es uno de los escenarios propicios para interactuar, para poner en valor nuestra identidad cultural y confrontarla con otras manifestaciones de Colombia. No obstante, hace falta por parte de la institucionalidad incentivar más la producción cultural, apoyar los procesos culturales y ofrecer otros espacios para la puesta en escena de los valores representativos de este departamento.
