Pre candidatos y encuestas
No es pecar de pesimista, pensar y reiterar nuestro concepto y nuestra apreciación, sobre el gran desastre político que se avecina, cuando el pueblo colombiano en las urnas, vuelva a elegir a los mismos que han llevado al país por la senda precaria de la inviabilidad institucional, que ha generado toda las formas más aberrantes de corrupción y que ha tenido la facultad de salpicar todas las entidades públicas y del derecho, de una manera por demás descarada y sin importarles la trascendencia y la magnitud de sus actuaciones.
Este país como vamos, no tiene retorno. Los precandidatos vienen impuestos por el mismo establecimiento y buscan perpetuar en todas las instancias, las formas de gobernabilidad que se han presentado y que dejan cada día, más y más que desear, en el mundo de la ética y de la moralidad pública, y si a ello se suma, la inoperancia de los entes de control, la impunidad, el crimen y el delito, la compraventa de los puestos de elección popular y la forma como se maquilla la contratación estatal, estamos en el reino de la ilegalidad y del desastre que como una hecatombe se nos vino encima, y no pudimos de ninguna forma, controlarlos y controlarnos.
No hay vuelta atrás. Los precandidatos se presentan como los grandes mesías, como los únicos salvadores y ello se polariza cada día más y más, y los distanciamientos de hacen más evidentes de tal forma que los únicos que poco a poco, van encontrando consenso, son quienes tienen el respaldo de los partidos tradicionales y han de seguir la huella, de aquellos dirigentes de turno, que hoy manejan la cosa pública, es la continuidad de un régimen de dolor, miseria y abandono.
Las encuestas de opinión, nos presentan dos candidatos, y todos sabemos que uno de ellos es el heredero de la corona. El otro es presentado como el gran contrincante, en tanto que el otro, no ha de generar la opción o la posibilidad de un encuentro de fuerzas que pudieran prometer un cambio generacional y político, en la orquestación del gobierno que haya de presidir los destinos de ésta Nación. Con ese distractor, que no es real, pero que las empresas de consultoría y/o encuestadoras proceden a presentar a la opinión pública, se genera un mundo de confusión y de caos ideológico en la precaria mentalidad pensante de las grandes mayorías.
Y entre el centro y las fuerzas libertarias con mentalidad democrática, no alcanzaremos nunca una alternativa de poder, porque es donde los intereses políticos, antes que económicos, los hacen más mezquinos y más impredecibles, y es donde se concentran unos egos y unas ínfulas de poder y de presunta dominación del otro, que no tiene la voluntad y la capacidad para orquestarse y direccionar con visión todo este proceso que realmente se requiere si queremos hacer algo por recuperar la confianza en las instituciones.
Colombia, poco a poco, va pasando por alto los procesos de corrupción y de desfalco de sus propios recursos o de la interferencia económica que ha manipulado la contratación estatal en todos sus frentes, para que las formas de corrupción, sigan campeando como los grandes electores de éste país y los grandes beneficiados de los mismos, siendo reelegidos ad infinitum, sin reproche social alguno, como es y era el deber de las grandes colectividades. El panorama que nos espera, es triste y desolador.
