viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-08-30 01:55

Por la puerta grande del cielo

Escrito por: Margarita Suárez Trujillo
 | agosto 30 de 2017

El viaje a la eternidad de Dámaso González, de 68 años de edad, ocurrido el sábado anterior, nos ha pegado en lo más profundo del alma. Tras la muerte de este torero, retirado de los ruedos en el año 2003 después de triunfar apoteósicamente en América y Europa, queda la lección de un ser humano irrepetible. José Luis Benlloch, columnista de Aplausos, lo resume muy bien: “La parca (muerte) se llevó por delante al hombre que supo triunfar sin pisar a nadie”. Pequeño de estatura, pero grande como torero y como persona. Humilde en sus triunfos que fueron muchísimos, incluidas dos salidas por la Puerta Grande de la Plaza de Toros de Madrid. Su familia conformada por su esposa Felicidad Tarruella, y sus hijos Sonia, Elena, Marta y Dámaso Junior, lo van a extrañar tanto como la propia gente de su tierra natal Albacete, quienes lloraron al unísono al que sentían muy propio y se enorgullecían de ser sus paisanos. Una hermosa escultura en bronce de Dámaso vestido de luces, de tamaño natural, que se yergue desde hace dos años a la entrada de la plaza de toros, fue rodeada por un tapete de flores depositadas por los albaceteños que sollozaban por su partida. Mientras los despojos mortales del diestro daban la doble vuelta al ruedo en la plaza de Albacete atiborrada de público, cargado el féretro por sus compañeros taurinos, la gente gritaba "viva Dámaso", "grande" e incluso hubo cánticos precedidos por aplausos. El Maestro Enrique Ponce lloraba como un niño, mientras Pedro Gutiérrez Moya, conocido en su época de torero como “El Capea”, expresó entre lágrimas: “Ha muerto un hermano”. Para nuestra hija María Margarita Herrera, quien reside en España hace 10 años, la muerte de Dámaso fue la de un segundo padre. Los fines de año y la mayoría de los puentes festivos, los pasa en la finca “Los Prados”, de propiedad de los González Tarruella, ubicada a cinco minutos de Albacete, donde la tratan como a una hija. En sus visitas, cuando María emprendía regreso a Salamanca donde reside, Dámaso le preparaba “bocadillos” de jamón y tortilla para el viaje. Gracias querido Dámaso por lo maravilloso que fuiste con todos y especialmente con nuestra María. Con tu vida ejemplar abriste la puerta grande del Cielo.  

 


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