Por fin una con el alcalde Lara
Por Alfonso Vélez Jaramillo
Por fin estoy de acuerdo con una del alcalde Rodrigo Lara Sánchez. No creo que sea el único. La mayoría de los neivanos está satisfecha con las medidas adoptadas para recuperar el espacio público usurpado por los vendedores ambulantes.
Desalojaron los informales de la carrera quinta, despejaron el lugar y la medida gustó, porque la gente volvió a caminar tranquilamente por esa emblemática calle capitalina que hace parte del paseo José Eustasio Rivera, nombre con el que se le denominó desde el Centro de Convenciones hasta el Parque Santander.
Días atrás hicieron lo propio en la calle octava y ahora esperamos que sigan con la carrera tercera por donde ya no pueden transitar los vehículos ni los peatones, es decir el mercado persa se tomó a Neiva y desterró a la ciudadanía la verdadera dueña del espacio público.
La misión dirigida por la abogada María Vidal, Directora de Justicia Municipal, aunque parece una medida política impopular, consigue ser destacada y apoyada por quienes queremos la ciudad.
No importa que haya diferencias con el alcalde Rodrigo Lara y muchos de sus ineficientes colaboradores, por otras situaciones como las críticas constructivas y las denuncias por los químicos en Empresas Públicas.
Los anteriores alcaldes y sus equipos de gobierno habían dado pasos, pero siempre chocaron con los intereses de los vendedores que reclamaron ante las instancias judiciales el derecho al trabajo y al mínimo vital.
En el último año de gobierno del entonces alcalde Guillermo Plazas que concluyó el finado Gustavo Penagos, se hicieron esfuerzos y los vendedores fueron instalados en Mercaneiva y en el Centro Comercial los Comuneros, luego de la destrucción de la galería central.
En la administración de Pedro Suarez, se aprobó el programa Espacios Públicos Productivos, para organizar las ventas ambulantes y buscar mejores alternativas sin alterar el entorno.
Sin embargo, posteriormente no hubo políticas públicas en la administración del padre Escandón y los vendedores volvieron a las calles con más furor.
Por esta razón, los vendedores de yuca, plátano, tomate, cebolla, carne, pescado y cuanto perecedero se les antojaba llevar en su carreta se esparcieron sin control de las autoridades locales.
Las prostitutas de la tercera, que ahora denominan con el elegante término de trabajadoras sexuales, se vinieron de la carrera segunda y se instalaron en el Parque Santander, la sala de recibo de la ciudad. Sin detallar el grueso de viciosos, ladrones, atracadores, expendedores de alucinógenos y otros exponentes de las más baja clase social, que con terror espantaron a los pensionados y los demás habituales contertulios.
En el Santander la vida libertina tomo fuerza con la llegada de bingos y otros establecimientos que convirtieron el parque en su club social, y en uno de los más peligrosos sitios de la ciudad, y solo se hacían pequeños esfuerzos que se perdía con los cambios de Gobierno.
Se da por descontando que hay muchas personas que necesitan un lugar de trabajo para ganarse la vida, pero también es cierto que pocos tienen sentido de pertenencia con la ciudad y eternamente quieren imponer el desorden, con el único propósito de lucrarse sin aportar algo de civismo.
La anarquía en el micro centro es fomentado por varios mayoristas y dueños de almacenes que sacaron sus empleados con ventas a la calle.
Se sabe que hay unas cuatro o cinco familias cuyos miembros, padre, madre, hijos, nueras, yernos, sobrinos y hasta los nietos, cada uno tiene su puesto e imponen la ley, ellos ejercían el control como si fueran el Gobierno municipal.
Es decir, cogieron el espacio público y se apropiaron en detrimento de los derechos de los ciudadanos a transitar libremente. En menos de dos años entablaron unas 300 acciones de tutela y solo ganaron una que obliga a la alcaldía a reubicar al accionante pero le da daba la razón a la ciudadanía a gozar el espacio público, como un derecho fundamental.
La Corte Constitucional en su sentencia T-231-14, dispone “que este es un bien inalienable, imprescriptible e inembargable” y en ese orden nadie puede apropiarse de las calles ni los andenes públicos.
Sin otro interés que el de buscar cosas buenas para Neiva y coherente con las criticas permanentes al alcalde para que se recupere el espacio público, considero que esta medida debe ser apoyada por la ciudad.
Sin embargo, el alcalde Lara debe adoptar alternativas de reubicación e inclusión en programas sociales para proteger los derechos trazando estrategias para proteger el trabajo de quienes resultaron afectados con el desalojo del espacio público.
