Política y políticos decadentes
En medio de este conflicto social que se vive y que se acrecienta a cada instante por la inseguridad, la injusticia, el auge de la criminalidad y el analfabetismo, aunado a la ignorancia de nuestras gentes, vemos como avanza una campaña política, donde los resabios y las costumbres que han marcado el derrotero de corrupción sigue vigente enarbolando la bandera de la continuidad de las mismas prácticas y la imposibilidad de cambios como los que requieren nuestra sociedad.
Los candidatos y las autoridades se toman de la mano, para prohijar toda clase de violación al derecho de elegir y ser elegido, por cuanto los partidos políticos, según las conveniencias y quizá el pago de las curules, escogieron y asignaron un grupo de personas, no de dirigentes, como los candidatos de sus colectividades.
La afrenta, la confrontación y todas las formas mas bajas y ruines de nuestro lenguaje en el trato con los demás, ha terminado por ser la base y el portaestandarte de nuestra forma de difundir el pensamiento o el planteamiento que convoque a los electores a participar ciegamente de unas elecciones, donde el tamal o el bulto de cemento o el billete de cincuenta mil, se esconden detrás del abrazo del dirigente o del gamonal o de quien sirve de intermediario en la compraventa eterna de la voluntad ciudadana.
Es que vender el voto, traficar con la conciencia y la forma de ser de nuestros ciudadanos, es parte ya de una forma de ser a la que es imposible resistir.
Muchos jóvenes desempleados, muchos estudiantes frustrados, muchas amas de casa sin futuro y muchos profesionales que tienen miedo de enfrentarse al ejercicio de sus títulos, han sido utilizados por los dirigentes de turno, para prometerles un contrato oficial, un puesto público, y en no pocos casos, una oportunidad de hacer parte de las unidades legislativas: que generosidad y que ruindad. La política transformada en un proceso donde se retroalimentan los egos en forma baja y perversa, donde los ingenuos que terminan siendo idiotas útiles de este proceso en nada conduce a la solución de los problemas sociales.
Y ningún candidato tiene propuestas serias, ningún grupo político es coherente con la solución a los necesidades primarias del colombiano. Dónde están los compromisos por el restablecimiento de los derechos ciudadanos especialmente encaminados hacia la recuperación de la memoria colectiva, de la cultura y de los valores y principios éticos. Todo está perdido, cuando recordamos que la ética y la moral, a pesar de ser asuntos de filosofía política, no hacen parte del político de hoy en día, y mucho menos del político colombiano.
Esperamos ansiosos que termine este debate, esperamos que muy pronto se cumpla con la orden de limpiar de pasacalles nuestros parques, avenidas y postes de la energía, y que todos esas pancartas colocadas contra la ley electoral y protegidas por los procuradores y alcaldes que se hacen de la vista gorda, y se asemejan a esos rostros que solo simbolizan la burla y la estafa a una concepción de nobleza democrática, terminan por condenarnos al gran reto del elector para decidir por lo que ha de ser el destino de este país, y la conclusión es una sola, es única: la decadencia y la continuidad de la corrupción, son la única alternativa posible.
Que entre el diablo y escoja, diablo disfrazado de elector, porque todo es confusión y caos, todo esta dicho y la repetición de lemas sin sentido y sin filosofía de su razón de ser, ha terminado por ser ese lenguaje hueco y obsoleto con el que se alimenta la política de hoy en día en CO
