Polémica: Religión – Estado
La polémica está abierta. Un sector de la Iglesia Católica ha advertido con fundamento, con razón, con lógica, con la coherencia propia de seres enfrentados a un dilema y un dolor y una angustia de sus comunidades, para advertir sobre el gran proceso de exterminio, casi que de genocidio, auspiciado por la actitud silenciosa, omisiva y anti-garantista de nuestro actual gobierno nacional, de la clase política y aún de la misma sociedad civil, frente a la forma como se vienen asesinando a los líderes sociales, se vienen desconociendo los reclamos de sus gentes y se viene entorpeciendo, dilatando y buscando toda clase de artificios y engaños, bajo la supuesta legalidad, justicia y una equidad que nunca ha existido, para atentar contra los acuerdos de La Habana, para incitar a la violencia, a la guerra, al caos contra los procesos de paz y sobre todo, la búsqueda de una tan anhelada reconciliación nacional.
Ese contubernio que ha existido de larga data entre las autoridades y el crimen, entre la guerra y los grupos ilegales que se han encargado de manejar y potencializar el proceso del narcotráfico en Colombia, es uno de los principales rasgos que alcanzan los más altos índices de inestabilidad social, como los que estamos viviendo en todo el país.
Todos conocemos que los Obispos de la Región del Pacífico y Suroccidente de Colombia, han tomado una vocería social, humana y de mucha responsabilidad social, para expresar su preocupación, para advertirle al mundo entero que el conflicto social político y económico que se vive en las zonas donde se dan asiento sus comunidades y aún otras regiones del país, se agudiza por los comportamientos omisivos del gobierno nacional, ellos son los principales testigos de estos hechos que denuncian, están bajo su jurisdicción y pretenden y buscan su tutela, su apoyo y son sus voceros. Por eso es loable la labor que realizan al hacer estas denuncias.
Esta situación que se corresponde con un problema creciente, nos lleva en los actuales momentos a fortalecer el reconocimiento de los movimientos sociales, a demandar la urgente vocería de la sociedad civil, para que no se detenga, para que hagamos coro con estos representantes de las comunidades, y exijamos que los procesos sociales pactados, no vuelvan a sufrir la suerte de otros tiempos, que haya un momento en el que la reconciliación nacional, empiece a dar sus frutos, pero que desde las dos orillas en las que se encuentra dividido el país, cada una ceda un poco, para que este proceso de fortalecimiento de la sociedad, realmente alcance a dar frutos y algunos de nuestros hijos, puedan realmente vivir esa paz que nunca hemos tenido.
Es triste y desalentador que esta pandemia haya sido utilizada como una forma de exhibir esa inmoralidad rastrera de nuestros gobernantes, porque todos son cómplices y por tanto, coautores silenciosos de esas formas de corrupción, disfrazada de humanismo donde se asume una responsabilidad que nunca ha existido, y sobre dichos presupuestos, ha permitido el fortalecimiento del sistema financiero, de la banca y de los emporios comerciales, a costa de la vida y de la forma como día a día, crecen las víctimas de un flagelo que el Gobierno Nacional, no fue capaz de controlar, no pudo liderar en su momento y que con ello, solo ha establecido elementos donde la situación de pobreza y de miseria, son cada día más y más aberrantes, y la brecha entre ricos y pobres crece y crece.
El país sigue dividido. La sociedad civil es la única que tiene en estos momentos una oportunidad, ese dolor y esa desmesura en el manejo del gobierno, no puede seguir recibiendo reconocimiento por sus limosnas y por la forma como está tratando al pueblo colombiano con un genocidio a todas luces desenmascarado por sus políticas omisivas y cómplices. Es hora de unirnos a ese sector católico que busca y coadyuva en un espacio muy reducido, pero con gran coraje y mucha entereza, dar a conocer la verdadera realidad que vivimos en nuestro medio y está contaminando a unos pocos buenos que quedan en esta patria.
