Polarización de la campañas
A medida que avanza el desarrollo de las campañas políticas en el país, se ha venido generando unos hechos de violencia para algunos candidatos que participan en sus actividades proselitistas en algunas ciudades colombianas, que tienen muy preocupados a las autoridades por la forma agresiva con que han asumido las mismas, sin importar el movimiento político al cual pertenecen sus militantes. Hay un ingrediente que está afectando la tranquilidad y la armonía como debe caracterizar los ambientes electorales. Se han intensificado la polarización de las campañas, utilizando toda clase de estrategias publicitarias en los medios de comunicación y en las redes sociales. Nunca en la historia republicana de este país, se había presentado una masiva penetración de mensajes alusivos a la misma, buscando el respaldo de la ciudadanía en favor o en contra de este proceso electoral. Es tal la situación de confrontación ideológica, que están creando entre sus seguidores, una actitud arrogante que en algunas ciudades se empiezan a generar hechos de violencia, cuando algunos voceros de los partidos políticos defienden sus ideales a través de convocatorias populares que propenden por el desarrollo democrático de estas justas electorales. No es justo que sucedan estos hechos violentos, en un país que ha venido sufriendo un conflicto interno durante más cinco décadas, que ha dejado secuelas históricas nefastas para las familias afectadas y un estigma dentro del contexto internacional, por los hechos narcoterroristas que han cometido y siguen alterando el orden público en algunas regiones.
Este estilo de propaganda política engañosa está provocando una total desinformación de los electores. Es risible encontrar voceros de estos movimientos, que cuando defienden su posición ideológica, radicalizan su agresividad que va en contravía de una sociedad civilizada. No existe una coherencia entre su credo político y el verdadero pensamiento personal sobre la viabilidad o no, de respaldar a dichos aspirantes a las corporaciones públicas. Desde este escenario, hemos venido siendo reiterativos para que se respete el libre pensamiento de las personas que se atreven a expresar sus simpatías por los mismos. Hay que pensar en el futuro de las nuevas generaciones de este país, que requiere de manera urgente una serie de reformas estructurales que conduzcan a mejorar las condiciones de bienestar de la población. Por tal motivo, no debemos someternos a la voluntad que se expresa en la masiva penetración publicitaria engañosa, que está tergiversando la verdadera filosofía de la intencionalidad de voto, que se va a expresar el próximo domingo 11 de marzo en las urnas, en las cuales, deben primar la sensatez y el pensamiento autónomo de cada uno de los colombianos que acudiremos a cumplir con el sagrado deber del sufragio.
