viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-08-24 02:16

Pobrecito Hernán Andrade

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | agosto 24 de 2017

La situación actual del senador Hernán Andrade es producto de la deshonestidad y del cinismo.  Al decir de su gerente de campaña, que le compraba un par de camisas y unos zapatos cuando no estaba presentable es hasta risible, para un hombre que devenga más de treinta millones de pesos mensuales de salario, más los ingresos de su esposa en cargos de primer orden, las dádivas que todos sabemos obtienen los políticos en recompensa por las recomendaciones en contratos, los beneficios que reciben ante los llamados Lovvy al gestionar leyes en beneficio de particulares

Es de cinismo aberrante confesar que el dinero recibido de préstamos a un nefasto personaje, que con descaro robó una entidad pública lo utilizó para comprar una casa. Esa historia no le sucede a quien devenga, con esfuerzo, un millón de pesos mensuales. Le sucede a Hernán Andrade, un flamante senador de la república, quien devenga en un mes lo que un colombiano normal gasta una vida en ganárselo.

Con esos argumentos torcieron el fallo por enriquecimiento ilícito en la Corte Suprema de Justicia, de lo que la DEA ha informado a la Fiscalía General de la República y que tiene desvelado al pobre Hernán Andrade. Se ha abierto investigación a magistrados expertos en torcer fallos en los que aparece como principal implicado el ex-fiscal anticorrupción, abogado del pobre senador y el candidato del Uribestismo, Luis Alfredo Ramos.

Es muy triste que un representante preclaro de nuestro congreso, el presidente flamante del partido Conservador, no tenga con qué comprar un tinto, que además la secretaria tenga que darle para el bus y sus asistentes tengan que compartir con él una pastilla de la cajita de chicles. Mucho menos tiene para comprar una cerveza, ni la cuota para participar de los partidos de tejo de los lunes de zapatero que juegan los congresistas. Por eso lo hemos visto ponchado en medio de las sesiones y en profundo sueño, pues sus noches son catastróficas, no puede dormir en esos colchones mullidos de su habitación, y hasta rasca sus pies por las niguas que maltratan sus dedos por el piso de tierra de su casa.

Es tan pobre el senador Andrade que los lustrabotas pegan sus afiches y los loteros diseñan su publicidad. En esas aventuras de limosnero de calle, en esos arranques de conseguir para el desayuno, un caritativo personaje le regaló trescientos milloncitos de pesos, que se fueron en gastos menores. Fue de esos donativos de caridad que uno encuentra cuando sale a los semáforos a hacer piruetas, a lanzar llamas llenando la boca de petróleo, a montar en bicicletas de una sola llanta. Por eso lo llamó la corte a juicio, y para disimular que alguien le hubiera donado tan pírrica suma, y para no deberle a nadie, se comprometió a devolver el dinero en cómodas cuotas de treinta  millones mensuales.


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