jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-01-26 10:19

Pertenecemos a sociedades intolerantes

Escrito por: José Eliseo Baicué Peña
 | enero 26 de 2020

La difícil situación económica, ambiental, y de salud, el problema de movilidad, el desempleo, la inoperancia y negligencia de los servidores públicos, y los crecientes brotes de inseguridad se convierten en factores que inciden en la configuración de los altos niveles de intolerancia que viven hoy las sociedades.

Y este no es un problema exclusivo de Neiva, ni de ciudades como Bogotá, Medellín, Cali o Cartagena, sino que es un flagelo que se presenta casi en todos los lugares del planeta. 

Aunque algunos expertos aseguran que esta problemática es directamente proporcional al número de habitantes.  Es decir, que entre más grande sea la ciudad, mayores son los niveles de intolerancia y de estrés.

Entiendo que esto debe ser estudiado por los psicólogos sociales o antropólogos, pero quiero plantear algunos aspectos, que, a mi juicio, contribuyen a este proceder ya muy enraizado en los ciudadanos de nuestra capital opita.

Uno de los aspectos claves generadores de este problema en las medianas y grandes ciudades, tiene que ver con la movilidad y las vías. El tipo de conductores, el no acatamiento de las señales de tránsito, la mala o inadecuada semaforización, y hasta el indebido comportamiento de los peatones. Porque hay unos conductores especiales, como aquellos que se precian de tener autos lujosos y costosos, aquellos que se creen de la alta sociedad, aquellos que están convencidos de que no hay ley para ellos, aquellos que humillan y tienen los contactos para solucionar cualquier problema.  Se siguen creyendo los dueños de la ciudad y de las vías.  Hacen lo que quieren, cobran lo que quieren, y tratan al usuario como quieren.  Lo peor: nadie los controla, nadie los sanciona, nadie les imputa nada.  ¿Qué labor cumple, entonces, la policía, los guardas, y demás autoridades?

Ahora miremos la reacción de ellos cuando se les dice algo.  Cuando se cruzan un semáforo en rojo, cuando recogen pasajeros en sitios no autorizados, cuando apuestan carreras, cuando hacen de las suyas en las horas pico, cuando sus vehículos arrojan chorros de humo, cuando se meten en contravía, etc., etc.  Son intolerantes y contribuyen al crecimiento de este flagelo social.

Otra queja generalizada, y que contribuye a la elevada intolerancia, tiene que ver con los servidores públicos de la ciudad.  Aquellos que se creen los dueños de los cargos; aquellos que son respaldados por políticos, aquellos que gritan, atienden mal al usuario, aquellos que ni siquiera conocen bien sus funciones, aquellos que se creen los reyes de la ciudad.  Son aquellos que no saben dar información sobre sus empresas, sobre sus puestos, sobre sus jefes, sobre sus funciones, sobre sus ciudades y, a veces, ni de sus propias familias.

Y el último, es el de la inseguridad.  Seguimos desconfiando de todo el mundo.  En Neiva, por ejemplo, no se puede ya pasear por la ciudad.  Toca correr, estar prevenidos con todo el mundo, como si todo el mundo fuera antisocial.  Hay inseguridad en las calles, en los bancos, en la esquina, en los barrios, en los colegios y universidades, en los bares, en los negocios, en los centros comerciales, en los lugares aledaños a la ciudad, en las salidas de Neiva.  En todas partes.  Y eso que somos solamente escasos 350 mil habitantes.  Pero hay policía, ejército, CTI, cuerpos de inteligencia, patrulleros, y demás.   

 

Ojalá, los nuevos alcaldes, y el gobernador, implementen planes de buena atención al público, de seguridad, de controles en la movilidad, de apoyos en los puntos estratégicos de la ciudad y del Huila, de tal manera, que se genere un valor agregado de confianza y tranquilidad que contrarresten los brotes de intolerancia de hoy.