viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-21 02:36

Perdón y olvido sin reconciliación

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | octubre 21 de 2017

El Perdón y el olvido no podrán ser sinónimos de un proceso de reconciliación entre los colombianos, mientras sigan vigentes esos estigmas que han marcado la vida de quienes fueron víctimas de aquellos que generaron la violencia, el desplazamiento, el dolor y sobre todo, la ausencia de protección o de amparo o de afecto en determinado momento.

Los colombianos no podremos superar este momento histórico de una manera sencilla y fácil, considerando que con abrazar o darle un beso al victimario, se sanean las heridas. Los colombianos así lo quisiéramos, no tenemos posibilidades de acercarnos hacia el que marcó con una huella imborrable el camino de nuestro dolor o de nuestra desgracia en un momento de la vida, cuando no se presentan alternativas o formas de recomposición del drama humano al que nos enfrentamos en adelante.

No tenemos opciones para poder contar con herramientas que hagan posible una reconstrucción en la vida de quienes han sufrido los vejámenes tanto del Estado de Derecho, como de los que al margen de aquel, se han arropado con la violencia para supuestamente ofrecer un camino de reconciliación de defensa de unos derechos inalcanzables.

Donde está el lenitivo cuando un funcionario de medio pelo, del Gobierno Nacional, concurre por obligación de un Tribunal Internacional, a aceptar y asumir una responsabilidad, en forma irresponsable, y pedir perdón y demandar que se acepten las disculpas, por la ineficiencia, por la complicidad o por ese dejar hacer y dejar pasar que se dio en contra de la población o que los mismos funcionarios del Estado, propiciaron, generaron y causaron con muertes, con violencia, y que en muchos, dejaron lesiones de por vida en el seno físico o de sus propias familias.

Es que todo proceso de reconciliación tiene que estar acompañado de acciones que busquen sanear las heridas. Es como el proceso posterior necesario y requerido para recuperar el cuerpo, cuando se sufre una lesión. Si no hay un tratamiento adecuado, si no hay los medicamentos requeridos, las cicatrices serán visibles, serán una dura huella que nadie podrá silenciar o desconocer, al haber sido víctima de una aflicción que no tenía por qué soportar, de un dolor por el cual no tenía que exponerse y no tenía por qué vivirlo.

El lenguaje, esa sumatoria de palabras que se expresan, para llegar al otro, para comunicar en determinado momento un camino de acercamiento o de distanciamiento, debe estar acompañado de acciones y de elementos que conformen y coadyuven en la reconstrucción del tejido social y de las condiciones de vida de quienes pretendemos reparar.

Mientras sigamos creyendo, como politiqueros de barrio, que con palabras vacías y huecas, como las que enarbolamos en un proceso de diálogo, como el que hemos vivido, será difícil, será casi que imposible, o mejor, será nugatoria toda acción, todo proceso de cambio y de rehabilitación de nuestra sociedad.

No es posible que los victimarios sigan ondeando la misma bandera y sigan reconociendo en sus líderes, las acciones que en determinado momento hoy todos censuramos. Esas son formas veladas de reiterar y ratificar formas de distanciamiento y de exclusión y de desconocimiento de aquello que en ciertos recintos o en ciertas actitudes se quiere gestar a través de lo que significa un perdón, sin esencia y sin valor.


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