Perdiendo la lucha contra el feminicidio
Por abarcar prácticamente el mundo entero, la de la violencia contra la mujer es una pandemia con la que hemos convivido por siglos y que, por falta de compromiso de ciudadanos, clase política y sistemas de justicia, principalmente, no solo no ha podido eliminarse, sino que ni siquiera ha logrado disminuir, aun cuando hay organizaciones mundiales de países y distintas ONG que han luchado por décadas por erradicarlo, pero el factor cultural e histórico subyacente en el origen mismo del problema, como lo es el machismo que permanece en gran parte de las relaciones humanas de hoy, distancia el objetivo.
Colombia, por supuesto, es un país en el que se dan todas las formas de violencia contra la mujer, pues son permanentes los relatos en los medios de comunicación y redes sociales sobre agresiones físicas o sicológicas; así mismo se repite el acoso de toda índole, o las veces en las que la mujer sufre tantas otras formas de violencia física o económica al interior de sus hogares, o los incontables casos de discriminación o violencia laboral. Pero, sin duda lo más grave de todo esto es la manera como el feminicidio ocurre y sigue creciendo en Colombia.
En efecto, el desprecio por la vida de la mujer es sencillamente indignante. Un total de 76 feminicidios ocurridos en lo que va del presente año es una cifra aterradora, que demuestra, entre otras cosas, el grado de peligro que afronta permanentemente la mujer pues, como lo define nuestro ordenamiento legal, el feminicidio es el asesinato de una mujer por su condición de tal o por motivos de su identidad de género. En otras palabras, pierden la vida por el hecho de ser mujeres.
Es importante resaltar también cómo, a pesar de que el legislador estableció una pena severa, de hasta 60 años, para feminicidas, el delito aumenta, lo que demuestra que las penas altas no sirven para disuadir a los delincuentes.
El feminicidio en Colombia continuó creciendo a pesar de la drasticidad de la Ley Rosa Elvira Celis, por eso, lo que se requiere con urgencia es educación, toma de conciencia y mecanismos serios y expeditos de protección y alertas tempranas para no limitarnos a celebrar drásticas sentencias, en lugar de celebrar la total y oportuna protección de la integridad y la vida de las mujeres.
