viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-07-12 02:35

Pedro María Ramírez

Escrito por: Margarita Suárez Trujillo
 | julio 12 de 2017

Le están poniendo palos en la rueda a la beatificación del Mártir de Armero Pedro María Ramírez Ramos, quien nació en La Plata (Huila). Gloria Gaitán  habla con rabia y lo culpa indirectamente de la muerte de su padre Jorge Eliécer Gaitán. En 2015 le escribió al Nuncio Apostólico de Colombia pidiéndole interceder ante el Santo Papa para frenar la beatificación solicitada hace más de 20 años por su paisano más no pariente, Monseñor Libardo Ramírez Gómez. Ernesto Salazar Cabrera escribió en la revista Nueva Imagen Colombiana, que tengo el honor de dirigir, un relato sobre el sacerdote Pedro María quien poco antes de morir el 10 de abril de 1948, apedreado en Armero, Tolima, predijo: “De este pueblo no quedará piedra sobre piedra”. No deja de sorprender la coincidencia con la avalancha de 1985 que lo borró del mapa. Oliva y Jerónimo Godoy, residentes en Garzón, le contaron a Ernesto lo ocurrido durante 8 años cuando permanecieron en Cunday muy cerca del Padre. Aseguran que era estricto y recio, un hombre de oración y piedad, combatía la inmoralidad, “cantaba bonito”, tocaba tiple y guitarra, contaba chistes y ha hecho más de 20 milagros. Monseñor Libardo Ramírez asegura que los ataques al Padre se desprenden de información desfigurada y de odios y consejas. Sus asesinos llegaron a la parroquia a buscar armas, no las encontraron y se argumentó que las habían sacado la noche anterior las monjitas. Según Gloria Gaitán su papá le contó que Pedro María guardaba armas en la parroquia para matar Gaitanistas y que el sacerdote desde el púlpito pedía la muerte del caudillo. Afirma que la beatificación “es una trampa que le han puesto al Papa Francisco”. Monseñor Ramírez recuerda que el proceso empezó mucho antes de llegar el Papa Francisco, asegura que el Mártir no era un criminal como Gloria lo define, sino un hombre digno. Resalta su honestidad y la de su familia, su servicio generoso a la iglesia, su rectitud, su sacrificio ofreciéndose a trabajar por el pueblo combatiendo la inmoralidad. El jesuita Daniel Restrepo escribió en 1951 el libro “El Mártir de Armero: ¡Padre… perdónalos!” con una ilustración del sacerdote de rodillas con los brazos arriba. En esa época ya se pedía su canonización. Muchos años esperándola.


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