Paz traicionada
Persisten las dificultades en el tortuoso camino de la paz. Cumplidos dos años del Acuerdo firmado con bombos y platillos en Cartagena y días después de convocado el plebiscito “como se me da la gana “, histórica frase con la cual el Presidente Santos justificó la redacción de la pregunta, los colombianos rechazamos por precaria mayoría, pero al fin de cuentas mayoría democrática, el Acuerdo negociado en Cuba durante cuatro largos años.
Ante la sorpresiva e inesperada derrota el gobierno y las Farc maquillaron algunos puntos menores y lo firmaron de nuevo poco tiempo después en el teatro Colón, hecho que significó una curiosa paradoja, pues es precisamente en los teatros donde se recrean obras famosas de la literatura universal, pero también comedias y tragicomedias.
Hoy, dos años después, es válido y oportuno señalar que la firma del Colón ha significado una costosa tragicomedia. La decisión soberana del pueblo que rechazó el Acuerdo, así como la fraudulenta refrendación por el Congreso de la mermelada, constituyen la comedia; mientras que la fase de implementación se ha convertido en la dolorosa tragedia.
El Presidente Santos obtuvo su codiciado premio Nobel y los colombianos nos quedamos con el desgaste de un Acuerdo mal negociado; muy costoso en términos institucionales y económicos; polarizados y divididos; sufriendo nuevos episodios de violencia urbana y rural; con el mayor incremento histórico de cultivos, procesamiento, decomiso y exportación de coca; con la perversa alianza entre ELN, disidentes de las Farc y bandas criminales que consolidan territorios, rutas y comercializadores, incrementando la criminalidad, el microtráfico y la inseguridad.
Por su parte, las Farc no entregaron todas sus armas- nadie ha vuelto a hablar de las caletas-; se desmovilizaron en un 80%; algunos se están reincorporando a la vida civil; se convirtieron en partido político con 16 curules gratis en el Congreso; y obtuvieron una Justicia Especial de Paz que avanza en forma lenta y con grandes dificultades. Sin embargo, no devolvieron a los menores reclutados; no han reparado a sus víctimas; no han entregado rutas y redes del narcotráfico; están compareciendo lentamente ante la JEP; y califican de complot el pedido de extradición de Santrich. Como si fuera poco, Márques, el Paisa y otros siete altos mandos, abandonaron las zonas asignadas y nada se sabe de su ubicación actual desde hace más de dos meses.
Todas estas irregularidades que sin duda alguna constituyen claro e inequívoco incumplimiento de sus obligaciones pactadas en el Acuerdo, darían el soporte necesario para revocarlo o derogarlo, o para hacerlo “ trizas” como se dijo en el fragor de la campaña presidencial.
En aras de la rigurosa objetividad, hay que aceptar que el gobierno Santos no fue eficiente en el diseño y ejecución de los compromisos asumidos para garantizar la implementación de aspectos esenciales del Acuerdo relacionados con la reincorporación; dejando esa “ papa caliente “ a su sucesor; salvo en los temas constitucionales y legales que sin duda constituyen el nudo gordiano que amarra las excesivas concesiones otorgadas a las Farc durante los próximos doce años.
El informe de la fundación Ideas para la Paz, publicado ayer, nos habla de “ la paz incompleta”.
La carta suscrita por Márques y el Paisa conocida recientemente, hace duros cuestionamientos sobre varios aspectos de la implementación, pero la mayor curiosidad, por decir lo menos, es la referida a la “ traición” que según ellos condenaría al fracaso el Acuerdo de Paz. Por tanto, anuncian su disidencia que no es cosa distinta que su regreso a las armas, decisión que, al parecer tiene su real fundamento en el temor a la extradición por sus nexos con el narcotráfico.
Vale preguntarse. ¿Quién será el traidor?
