Paz-ciencia
Por José Luis Anaya
Subsistir a la coyuntura mundial, exige observaciones de trecientos sesenta grados (360°), ubicación temporal (Pasado, presente y futuro), aprender espontáneamente sobre economía del hogar, Culinaria, seguridad, salubridad, tecnología, pedagogía infantil, mecánica, psicología y psiquiatría familiar (con énfasis en estado de encierro), recreación, lúdica y deporte (en espacios cerrados), y un sinfín de habilidades que anteriormente no se requerían o el mercado ofertaba a manera de servicios pero que hoy nos niega.
La crisis es evidente, y hablar o no de ella, puede hacer que se nos califique como dos tipos de personas, la primera, aquella que solo habla del problema, vive en total estado de prevención y esto le genera mucho dolor e impotencia, podría decirse que esta primera persona es un tanto masoquista, y una segunda, aquella que se aleja en lo absoluto, que es eventualmente feliz pero que jamás saldrá del problema dado que nunca le hace frente.
Suele decirse que las posiciones extremas e inflexibles siempre pueden ser equívocas, por esta razón la realidad nos exige hacerle frente al problema del virus aquel (Ya he dicho, no voy a volver a mencionar), adoptar las medidas recomendadas por expertos, los gobiernos locales y el nacional, pero con el fin de no enfermarnos sin haber sido contagiados se hace necesaria una dosis prácticamente industrial de paciencia o paz-ciencia.
La ilusión de la humanidad y por supuesto del pueblo colombiano, es salir lo antes posible de la presente crisis, intentar dejarla en el pasado y presumir la ejemplar manera en que fue superada, pero es importante comprender que el llegar a la meta, obtener victorias, superar pruebas y cumplir sueños, son anhelos que tienen por común denominador “el proceso”, ese camino lento, difícil y tortuoso, ubicado antes de obtener todo aquello por lo que se ha luchado y que tiene como ingrediente imprescindible la paciencia.
El mensaje en esta ocasión no es otro que invitarlos a refugiarnos en todo aquello que mitigue nuestras debilidades y nos fortalezca, habrá quienes dicen mi fortaleza es Dios (posición que respeto y comparto), otros dirán que la familia, y habrá quienes dicen es el trabajo, el deporte, las películas, el aseo del hogar o la lectura, incluso podrían ser todas las anteriores, pero lo maravilloso de este proceso es que nos exige unión, nos exige resistir como individuos para triunfar en comunidad, lo que nos hace estrictamente dependientes entre nosotros y se nos obliga a darle la mano a quien está a punto de desfallecer o a pedir ayuda si el que desfallece es usted.
En conclusión, la paz–ciencia se soporta en una ecuación de sumatoria de tiempo y esfuerzos que dan como resultado la trasformación de ilusión en realidad.
