viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-09-15 01:01

Parapeto: Vaca ladrona, no olvida el portillo

Escrito por: Julio Bahamón Vanegas
 | septiembre 15 de 2019

Este es un adagio popular para advertir de asuntos desagradables que sus protagonistas,  conocedores de sus errores, suelen repetir. La declaración de “guerra” que le ha formulado al país la Banda de forajidos liderada por Iván Márquez tiene precisamente esa impronta.

Esa agrupación delincuencial reúne todas las circunstancia para afirmar que lo que han hecho público ya se sabía de antemano. Los únicos necios, cretinos y chifloretos que creyeron en el mamarracho de paz de Santos fueron ellos mismos: Juan Manuel Santos, Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera, Sergio Jaramillo y sus adláteres y conmilitones de palacio. Juan Manuel Santos como veterano jugador de póker movió sus cartas, las mostro y cañó, con par dos. En ese juego cayeron los cándidos negociadores oficiales que concibieron el farragoso proceso de paz en que termino toda esa comedia, y Santos hábil timador los enredó con su cuento,  y saco su propia tajada: El premio Nobel de Paz.  Uno de los mayores negociadores de la guerrilla de las Farc, durante todo el tiempo, fue el señor Iván Márquez ahora rebelde contra su propio engendro de paz.

Pero después de la firma del documento de marras fue pillado  en flagrancia junto con su compañero y cómplice  de fechorías, Jesús Santrich,  en un jugoso negocio de venta de cocaína a voceros de uno de los carteles de Méjico, según denuncia proferida por su sobrino Marlon Marín, y no tuvo alternativa distinta  que poner  pies en polvorosa y huir hacia sus campamentos, ahora instalados en la república bolivariana de Venezuela. Pero no es la primera vez que Iván Márquez le mama gallo a la paz.

Recordemos que durante el gobierno de Belisario Betancur, el país y el congreso aprobaron una ley de amnistía para las Farc,  y   le concedieron a  seis rebeldes, con Márquez a la cabeza,  asiento en la cámara de presentantes, pero las cómodas sillas de la democracia fueron despreciadas por el sujeto y  de nuevo, repitió la misma historia: Se regresó al monte.

En su reciente aparición lo vimos vestido con uniforme de la guardia venezolana, lo que  puso en evidencia el vínculo del grupo subversivo  con el déspota venezolano: A alguien le queda duda que el gobierno dictatorial del sátrapa de Maduro está metido hasta el cogote en esa nueva amenaza  revolucionaria  y que, aun no  se sabe,  de  la llegada al país, colados   entre los emigrantes venezolanos, de cientos de milicianos pertenecientes  a las fuerzas narco paramilitares del vecindario. ¿Esa realidad la habrá tenido en cuenta el ministerio de defensa nacional?.  

Con la circunstancia de paz propiciada por Santos y convencido de que a través del dialogo con la dirigencia superior de las farc lograría la paz en Colombia, Santos procedió, alentado por el mal ejemplo que se conoció durante  el gobierno de Cesar Gaviria, a diseñar con la asesoría de sendos abogados comunistas españoles una política de sometimiento a la justicia, esto es la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP,  algo similar a la que Gaviria  otorgo   en los años 90 a Pablo Escobar Gaviria cuando  le permitió diseñar la suya,  contando con el apoyo de  sus asesores políticos, lo que le dio ventajas para construir su propia cárcel en Envigado,  y desde esa catedral del mal, prosiguiera con su avanzada criminal  y narcoterrorista.

El coralario de esa política equivocada  de sometimiento a la justicia, fue que al final,  la justicia   terminó sometida al imperio del crimen organizado. Un vergonzoso episodio de la historia de Colombia similar a la que  recientemente permitieron, en el caso de Santrich, el Consejo de Estado y luego la H Corte Suprema de Justicia, organismos que se apresuraron a declarar la condición de aforado al criminal  de marras que luego se fugó,  y ahora apareció, al lado de su compinche,  fungiendo  de comandante en  la continuación del libreto escrito con sangre y dolor por su mentor Manuel Marulanda, alias tiro fijo,  desde el año de 1.964.

¿Está preparada Colombia y sus fuerzas militares para contrarrestar esta nueva amenaza que se cierne sobre  su institucionalidad?