Parapeto.- No hay peor ciego que el que no quiera ver
Ni peor sordo que el que no quiera oír, ni peor desentendido que el que no quiera entender Así lo veo yo y me reafirmo en estos refranes populares a raíz de la entrevista que le concedió el Presidente Iván Duque a Claudia Palacio en la cadena de televisión 1A la semana anterior en la que con meridiana claridad le respondió cada una de las 13 preguntas recopiladas por la periodista, extraídas de las que formularon los organizadores de las insólitas marchas que se convirtieron en episodios violentos en contra de la paz que ellos mismos pregonan.
Yo me pregunto: ¿los males que hoy aquejan a los colombianos fueron causados por este gobierno, o son consecuencia del desgobierno anterior? El primer mandatario fue absolutamente claro en sus respuestas a la periodista, y sin tapujos, con argumentos sólidos contesto todas y cada una de las preguntas formuladas por la entrevistadora. Durante más de una hora se la jugó ante propios y extraños el presidente Duque. Nada de lo que han querido inculparle ha sido por acción de este gobierno, sino todo lo contrario, es el Presidente Duque quien se ha ocupado de encontrarle soluciones a los diversos problemas que aquejan a nuestras comunidades.
Los organizadores y los oportunistas encuentran muchas excusas, muchos instrumentos que les impide ver la realidad de lo que está viviendo nuestro país. Metidos en gastos como dice también el refrán popular, no son capaces de aceptar una verdad de a puño. Este gobierno esta encuadernando económica y socialmente a Colombia, después de los jirones en que lo dejo Juan Manuel Santos. Aquellos simplemente lo saben, lo han visto pero no quieren reconocerlo porque saben que, si a Iván Duque le va bien, a ellos les va mal. Se les acabo la guachafita.
A pesar de la contundencia del crecimiento de nuestra economía, del avance del comercio, del repunte de los ingresos corrientes de la nación, de los buenos prospectos que se conocen sobre la participación de las regiones en la distribución de las rentas por regalías, en fin del orden y de la honestidad reconocida en este gobierno de emprendedores, los revoltosos y los oportunistas, como el exguerrillero Gustavo Petro, será acaso demasiado reconocerlo con el título de exguerrillero que para ese sujeto podría significarle casi como un título nobiliario, o será mejor decirle lo que es, un pinche bandolero, evaden reconocer la verdad, se hacen los pendejos y colocan miles de obstáculos mentirosos ante sus ojos y oídos y se convierten en realidades amenazantes.
El ensañamiento en contra de la figura presidencial y de su familia raya en vulgar conspiración, y real amenaza contra la dignidad e integridad presidencial. ¿Qué es lo que quieren los organizadores de la protesta violenta?, ¿acaso pretenden tumbar al presidente de la república? Han calculado que los amigos del presidente somos más de 10.600.000 ciudadanos pacíficos, de carne y hueso, que no estamos dispuesto a ceder un ápice de lo que hemos logrado.
Que al igual que los miles de protestantes, ya disminuidos en número y en presencia en las calles, los amigos pacíficos del gobierno créanme, no estamos asustados, pero queremos que también nos escuchen porque estamos listos a defender el estado de derecho que representa el actual gobierno en las circunstancias que vivimos, porque si hace quince meses, vuelvo a los refranes populares, “matamos al tigre, ahora no nos vamos a asustar con el cuero”. ¿O Acaso lo que pretenden es disminuir con sus mentiras la imagen favorable de nuestro jefe Álvaro Uribe?, deben tener en cuenta que no vamos a dar el brazo a torcer. Ahora más que nunca cerramos filas a su alrededor.
Es increíble que uno de los lunares cancerígeno que detestó la opinión publica fue el cinismo como manejó Juan Manuel Santos al congreso de la república. Duramente criticado por los cupos indicativos, famosa palabreja con la que disfrazo la “mermelada” con la que compro conciencias políticas y jurídicas, que hoy con valor el presidente Duque la ha desterrado, sea la figura presidencial el blanco de toda suerte de adjetivos insultantes y reciba presiones para que restablezca ese infundio. Los electores de Iván Duque tenemos la confianza de su sabiduría, y que esta situación le dará la oportunidad de crecerse para sortearla con inteligencia y responsabilidad patriótica.
