martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-04-25 01:16

Parapeto.- Los resultados de un mal proceso de paz.

Escrito por: Julio Bahamón Vanegas
 | abril 25 de 2019

La semana pasada se conoció un informe de la Fiscalía General de La Nación, de su titular, el Dr Néstor Humberto Martínez, en el sentido de llamar la atención del país sobre el recrudecimiento de la violencia en Colombia,  algo que se estaba esperando como resultado de una mala negociación de paz basada en el otorgamiento de gabelas y ventajas a la contraparte, es decir, a la guerrilla de las Farc, marcada por una escandalosa impunidad protegida por ese embeleco de justicia transicional, mal llamada Jurisdicción Especial para la Paz. Desafortunadamente eso es cierto y  está ocurriendo en todos los niveles de la sociedad, tanto urbanos como rurales, con el advenimiento de las disidencias de las  Farc, y el involucramiento del ELN grupo armado que se ha dedicado a copar los espacios “dejados” por los amigos de “Tiro Fijo”.

Como el mal ejemplo cunde, dicen los que saben, que las demás organizaciones y bandas criminales y las que engrosan las filas de los que negocian y trafican con la coca, se han dado cuenta que  delinquir en este país paga. Esas organizaciones al margen de la ley ya calibraron la justicia y conocen de sus debilidades, lo que les permite actuar a sus anchas. Uno escucha a los mayores decir que: “en este país siempre hemos vivido en guerra”, “por generaciones, no hemos tenido, ni hemos vivido épocas de paz”. Casi que aciertan los escépticos, con una diferencia evidente e indiscutible: Podría ser  cierta esa afirmación, en tratándose del siglo XlX, pues durante esos años Colombia sufrió 23 guerras civiles y la más cruenta, costosa  y prolongada fue la de los mil días que se libró entre el mes de octubre de 1.899 y noviembre de 1.902. Murieron 80.000 colombianos de una población total en el  país de cinco millones de habitantes.  La gran diferencia con lo que ha vivido nuestra patria, relacionada aquella época con la actual,  es que le violencia generada desde el año de 1.964 hasta la fecha, ha sido por cuenta de sendas bandas de forajidos comandadas, una por alias Tiro Fijo, y la otra,  por Gabino del ELN, pero esos grupos no han representado una amenaza civil, no han sido protagonistas de una guerra civil, sino agrupaciones  alzadas en armas para subvertir el  orden legal, convertidos en bandas organizadas de delincuentes atentando contra el Estado de Derecho. Nunca hemos advertido a dos ejércitos regulares enfrentados  por ganar el control de nuestra nación.

Que se conozca, históricamente, dos ejércitos al terminar una guerra civil lo que suscriben son tratados, y no se limitan a firmar un acuerdo de paz a la ligera como sucedió con la pantomima que apadrino el gobierno de Juan Manuel Santos. La prueba de ello es que lo que ofreció el anterior gobierno a las farc para lograr que Timochenko suscribiera el farragoso acuerdo de paz no se ha cumplido para nada. Ni la reparación de víctimas, ni la entrega de menores reclutados a la fuerza, ni la entrega de armas en su totalidad, ni la verdad de sus actuaciones en delitos de lesa humanidad, ni el abandono de prácticas en negocios de narcotráfico, nada de eso se ha cumplido.  Márquez, el Paisa, Romaña, Gentil Duarte y adláteres, y  3.000 sujetos más  de las filas de las Farc,  siguen organizados contra el establecimiento y se pasean por la geografía nacional,  armados, como Pedro por su casa. Les cuento que en el año de 1.903, mientras se firmaba el tratado de Wisconsin que le daba fin a la guerra de los mil días, un oficial de la marina de los Estados Unidos izaba  la bandera de la nueva República de Panamá en un departamento de Colombia. Eso también  ocurrió hace pocos meses, me refiero a Nicaragua, pues mientras Santos negociaba en la Habana con las Farc, Ortega nos quitaba 75.000 Km2 de territorio marítimo en aguas frente al departamento de San Andrés y Providencia.  Esa fue la herencia que recibimos de Juan Manuel Santos.

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