Parapeto: Lo esencial de la vida del ser humano
Hace ya cuatro meses que el gobierno nacional ante la evidencia de la pandemia del covid-19 decreto la cuarentena en la mayor parte del territorio. Ninguno de nosotros alcanzamos a imaginarnos que ese bicho nos tendría tanto tiempo confinados, y mucho menos los estragos que en vidas humanas y en dificultades económicas sufriríamos en carne propia. Todo el país se encuentra a estas alturas atravesando serias dificultades en ambas materias. El gobierno del presidente Duque con el primer mandatario a la cabeza, y de frente, se ha encargado de presentar a diario la realidad y los resultados de la pandemia ante los colombianos. No le ha ocultado nada a la ciudadanía en sus vespertinas alocuciones por la televisión, acompañado de expertos epidemiológicos y autoridades internacionales en esta clase de plagas. El señor ministro de salud se la ha jugado admirablemente y es el colombiano que mayormente ha respondido a la opinión y autoridades al ofrecer las ayudas necesarias sanitarias, por instrucciones del ejecutivo, para cada región. Los gobernadores y alcaldes se han portado en su mayoría a la altura de las coyunturas que se vive en cada localidad. El sector privado, el poder financiero, los empresarios han demostrado su capacidad de reacción a favor de los más necesitados. El Ministerio de Hacienda, Planeación nacional y demás oficinas públicas han cumplido por iniciativa gubernamental con el apoyo requerido por los sectores mayormente vulnerables, se han distribuido alimentos, subsidios a las familias necesitadas, a los jóvenes, a los ancianos, etc. A la vez, se han ido, gradualmente, implementando aperturas de reactivación económica para los distintos sectores productivos. Pero lamentablemente, a pesar de que se está haciendo un esfuerzo colosal en materia de recursos económicos que ayuden a paliar la situación, muchas veces se ven cortos frente a tantas necesidades. Es una verdad que debemos entender de una vez por todas. En la homilía de la Eucaristía del domingo anterior le escuche decir al señor arzobispo de Bogotá que en las actuales circunstancias se impone para nuestra gente tres condiciones que debemos cumplir, a saber: compasión, solidaridad y austeridad. Compasión con quien la necesite, solidaridad en el apoyo generoso a sus necesidades y austeridad de lo que disponemos. Por ese motivo, cuando la gravedad de la pandemia ha alcanzado niveles preocupantes en contagios y en vidas de compatriotas, no se entiende que desde sectores de la izquierda y algunos mamertos del partido farc, y del antiguo M-19, acompañados por los expresidentes Samper y Santos estén creando mayores dificultades, esperando, como los buitres, que en el país aumenten los fallecidos por coronavirus, se crezcan los problemas económicos para caerle encima al gobierno nacional con la pérfida intención de desacreditarlo con miras al próximo debate electoral. Personalmente lo que veo es que prima en esos sectores políticos el odio, además de la intención de pasar cuentas de cobro por lo que consideran que el país les debe desde cuando a ellos, durante sus gobiernos, les salió el tiro por la culata. En el presidente Iván Duque prima la sabiduría, entendiéndola como la comprensión de lo que para Colombia es importante en la actual situación. Su gestión, más allá de las minucias, ha reconocido lo esencial de la vida del ser humano. Y eso vale mucho.
