Parapeto.- Las marrullas de Petro
Gustavo Petro fue como alcalde de Bogotá todo un fiasco. Su trabajo se orientó a establecer el populismo como forma de lucha en su malograda aspiración a la Presidencia de la república. Acordémonos que esa máxima del comunismo sigue siendo valida para los mamertos que se obnubilan por el poder. Los alumnos aventajados del Castro Chavismo lo practican a diario. Hace algunos meses yo escribí en esta misma columna y develé una famosa carta de Fidel Castro dirigida a Hugo Chávez con motivo de su llegada la presidencia de Venezuela en la que le daba toda suerte de instrucciones para implantar el modelo de Cuba en la patria del Libertador. Primero, decía Fidel Castro en su misiva, tenía que corromper todos los establecimientos de la administración del Estado, y Santos, actual presidente de nuestro país, que fue un alumno mediocre de la doctrina Castrista lo hizo, y tenemos evidencia del grado de corrupción al que condujo al país en estos ocho años de gobierno, a tal punto que Congreso, Cortes, Administración y buena parte del sector económico de la nación cayó en las redes de la corrupción. Para esa época fue la llegada de Petro a la alcaldía de Bogotá, quien no fue ajeno a la enfermedad de la corrupción. La Empresa de acueducto de la capital se convirtió en la caja mayor del alcalde que le permitió acabar de un tajo con el sistema moderno y eficiente de recolección de basuras en la Capital. Quebró la empresa y se dedicó a hacer negocios oscuros con la compra de cientos de carros recolectores obsoletos que desangraron las arcas de la empresa reina de la administración distrital. De todo lo que ofreció en su lánguida campaña por la alcaldía nada cumplió. Ni colegios, ni vías, ni jardines infantiles y mucho menos el Metro para la capital de Colombia. Insiste ahora Petro, sin fundamento, que el Metro debe ir subterráneo. Petro piensa que hacer un Metro es como “soplar y hacer botellas”. No tiene la menor idea de las enormes dificultades que conlleva hacer túneles en terreno pantanoso, ni los inconvenientes que se presentarían con la red gigantesca de cableado de los servicios públicos de la ciudad, ni menos del daño que causaría en la su red de acueducto y alcantarillado. Gustavo Petro en materia de obras y de servicios es un ignorante supino. Su magna obra fue levantar al pueblo contra la ciudadanía. Quiso convencer a sectores de clase media para que aceptaran, en su entorno, viviendas de los estratos 1 y 2. El problema no se manifestó entre los habitantes de los estratos superiores, sino entre los mismos habitantes de los estratos bajos, en razón a que, sin tener ingresos suficientes se negaron a trasladarse pues no tenían como pagar servicios públicos tan costosos. Así aborto el exabrupto social. Todo eso fue un vulgar y barato Populismo de un frustrado mamerto cuasi oligarca que usa zapatos de $1.800.000 pesos marca “ferragano”. La segunda parte de la carta de Castro también ha estado atento en cumplirla para imponernos, si acaso llegare a ganar la Presidencia, la revolución bolivariana siglo XXl, versión Colombia mediante la corrupción de la altas Cortes. Hoy lo vemos con los Magistrados, Malo, Ricaurte y Bustos de la Suprema y Pretelt en la Constitucional. En ese empeño lo acompaña Asonal Judicial. La tercera parte del libreto de Castro era asustar a los ricos para que se vayan. Acaba de hacerlo con la amenaza de expropiar las tierras de Ardila Lule y mantiene en estado cataléptico a Sarmiento Angulo y a los cacaos de Antioquia. La tercera formula de imponer su “Colombia humana” es quitarnos la religión, perseguir a la Iglesia y a todas las creencias religiosas existentes en el país. Ese a grandes rasgos es Petro. Un farsante que propone una Pirámide de mentiras. Si todo lo dicho no es CASTRO-CHAVISMO, entonces que es? ¡Ojo al conejo!
