Parapeto: Infamias, calumnias y perfidias
Quienes tenemos admiración y gratitud hacia Álvaro Uribe estamos obligados a defenderlo con valentía, y a explicar las razones que nos mueve a ello. A muchos enemigos de Álvaro Uribe los he escuchado decir que Uribe es un verraco, pero infortunadamente han sido influenciados por las calumnias que se ha encargado de propalar Juan Manuel Santos, primero como candidato de la U, y luego como presidente de la republica salido de las propias filas del partido de Dr Álvaro Uribe Vélez.
¿Pero que hay en el fondo de todo el alboroto que formó la Corte Suprema de Justicia, tribunal que lo ha llamado a indagatoria por unas acusaciones infames que orquestó el gobierno de Santos que contó con el correveidile senador Iván Cepeda que se ha dedicado a ultrajar su buen nombre llenándolo de agravios, como acostumbran hacerlo, “los pájaros cuando terminan tirándole a las escopetas?”. Nada han podido demostrar, pero muchos de los miembros de esa corte que ahora lo atacan se han visto involucrados en el mayor escándalo de corrupción que la opinión ha llamado, el Cartel de Togados.
Ese señalamiento delincuencial que corroe hoy a la Corte Suprema de Justicia, conocida con angustia por la ciudadanía, no le perdona al Dr Álvaro Uribe que hubiese sido él, quien con autoridad y coraje los hubiese desenmascarado junto a sus compinches. Una corrupción que emana desde lo más alto y que ha envilecido a la justica en Colombia. ¿Qué más hay en ese episodio que ha escandalizado a la oposición?
La presencia de un tenebroso personaje que funge de senador y que representa el odio de la izquierda contra un hombre que ha combatido la ilegalidad a todo nivel y que metió en cintura a los delincuentes de las Farc que tenían de rodillas al país.
La Izquierda que representa Iván Cepeda obedece la consigna que dejó su padre, vocero político de las Farc en la década de los 90, Manuel Cepeda Vargas exsenador de esa organización criminal, al punto de que la troika guerrillera de Marulanda, Raúl Reyes, Mono Jojoy, Cano y Timochenko, antiguos comandantes de la insurgencia, en un acto “simbólico” y vergonzoso bautizaron con su nombre a uno de los frentes de guerra de mayor criminalidad, talvez el más sangriento y asesino de las mal llamadas columnas móviles de la nefasta organización subversiva.
Ese sombrío senador se encargó de visitar distintas cárceles del país para buscar entre la maraña del crimen organizado a escalofriantes personajillos que quiso comprometer, mediante el ofrecimiento de dadivas, en falsos testigos con el fin macabro de enlodar el buen nombre de Dr. Álvaro Uribe Vélez. Uribe es un hombre de talante, respetuoso del orden jurídico, líder nacional, y confía plenamente en las instituciones.
Desafortunadamente lo que no calculó, nuestro jefe y amigo, fue que habiendo sido él quien desenmascaró a los responsables de feriar sentencias en las altas cortes al poner al descubierto el cartel de La Toga, entre ellos a los Magistrados Leónidas Bustos, al Magistrado Malo, al convicto Dr Ricaurte y a otros especímenes que todavía se ocultan al interior de esos Tribunales, que se amangualaran, en solidaridad de cuerpo, para contra atacarlo, y lograron, aceptando mentiras y calumnias, torcerle el cuello a la investigación filtrando información a la opinión, llevándose de calle el debido proceso y profiriendo llamamiento a indagatoria que, para hacerla creíble ante la ciudadanía se apoyaron en un gobierno pérfido.
Esa es la verdad de todo lo que hoy estamos viviendo. Una persona pérfida, para que lo sepan, está definida como: “persona desleal a alguien que confía en él, es además perverso, infiel y traidor”. Por mucho menos se cayó en el Perú, la semana pasada, toda la cúpula de los Cortesanos Magistrados de las Cortes y de los altos tribunales.
