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Opinión/ Creado el: 2018-05-10 12:37 - Última actualización: 2018-05-10 12:37

Parapeto.- Hoy desde  Pitalito, mañana desde Neiva

Escrito por: Julio Bahamón Vanegas
 | mayo 10 de 2018

Se dirigirá a los colombianos el próximo presidente de la república para comunicar a la Nación los propósitos que lo animaron a él, y a millones de compatriotas a seguir caminando hacia la Presidencia de Colombia. A partir de hoy restan escasos 17 días para que conozcamos la verdadera encuesta en la que sin necesidad de empadronadores mas de 20 millones de ciudadanos expresaremos nuestras simpatías y obraremos con responsabilidad al depositar el voto a favor de la persona que encarnará nuestras expectativas para los próximos cuatro años. ¡Y esa persona es Iván Duque! Hemos advertido que en estas elecciones se encuentra en juego la democracia en Colombia. Posiblemente sea una frase de cajón como las que solemos decir siempre en tratándose de finalizar un debate electoral en el que se va a decidir sobre la suerte del país. Pero a mi juicio, no se trata de una frase de cajón, ya que en este caso especial de la vida de nuestra nación decir que en estas elecciones se definirá si Colombia continuara como estado democrático o no, es una verdad que no admite discusión.  No se trata sencillamente de saber si al final de la jornada ganamos holgadamente las elecciones como lo deseamos y lo queremos, sino de reconocer que el enemigo numero uno que verdaderamente amenaza la institucionalidad colombiana no es el señor Petro, ni los criminales de las Farc. Porque al primero, es decir a Petro, no se le puede creer nada de lo que ofrece porque ya lo conocemos y sabemos de su populismo, su manera ampulosa de gobernar y de su colosal irresponsabilidad en el manejo de los asuntos públicos. A los segundos los conocemos a través de sus historias de terror y de los prontuarios delictivos y guardamos fundadas reservas sobre su honestidad y conductas relacionadas con el crimen organizado. De ahí que para muchos el gran enemigo de la democracia sea hoy, y continuara siendo, la corrupción política y privada que se ha constituido en una enfermedad infecto contagiosa que se ha adueñado de todas las esferas del poder publico y privado y se ha convertido en el combustible que atiza a todo nivel ese cáncer putrefacto que a colocado a la nación colombiana en un estado terminal. Desde los mas encopetados congresistas de la unidad nacional, hoy en el ventilador del exfiscal Moreno ante los organismos de investigación, hasta los más humildes servidores públicos que terminan siendo victimas de sus superiores la padece Colombia como Estado Libre y Soberano. La sentimos en  La Presidencia de la Republica desde el momento en que el primer magistrado de la nación desconoce resultados de un plebiscito, al tiempo que muchos de sus ministros se ven incursos en escándalos de corrupción por la venta de los activos más importantes de la nación; con angustia, a la vez,  la observamos en el Congreso de la Republica, en sus dignatarios; con escandalosa información brota en las Altas Cortes, especialmente en la Suprema de Justicia y en la Constitucional, con el cartel de la toga, también en muchos Tribunales departamentales, en las gobernaciones y alcaldías de muchos municipios del país; en la tolerancia y complicidad oficial evidenciada para  controlar los cultivos de coca, lo que ha provocado a nivel mundial que nuestro país siga ocupando el primer lugar como  Nación productora y vendedora de estupefacientes.  El mal ejemplo cunde y quienes nos gobiernan ahora, en lugar de combatirla, se ocupan de atacar y estimular el odio contra Álvaro Uribe y de señalarlo como el malo del paseo.  Con Iván Duque  y con su propuesta de erradicar ese flagelo de la corrupción  nos sentimos que “hay guardián de la heredad y  luz en la poterna”.    


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