Parapeto: Homenaje a Rodrigo Lara Bonilla
El pasado jueves 30 de abril se cumplieron 36 años de haber caído brutalmente asesinado en Bogotá por sicarios al servicio del cartel de Medellín mi amigo, jefe y compañero de luchas políticas, el entonces ministro de justicia Dr Rodrigo Lara Bonilla. Para ese momento yo ocupaba el cargo de primer vicepresidente de la cámara de representantes como vocero del Nuevo Liberalismo. Rodrigo Lara Bonilla durante su meritoria existencia escribió las mejores páginas de la política regional y participó activamente al lado de Luis Carlos Galán y de Carlos Lleras Restrepo en los más importantes episodios de la vida nacional entre los años de 1.973 hasta su muerte el 30 de abril de 1.984.
Él tuvo la imaginación de crear dentro de su partido Liberal un movimiento disidente en el Huila y lo condujo con maestría e inteligencia desde su fundación hasta el año de 1.981, victorioso, época en que, con el Senador Galán, y los Exministros Enrique Pardo, Rafael Garcia-Herrera, Roberto Arenas, Rafael Caicedo Espinosa y los parlamentarios Luis Villar Borda y Álvaro Uribe Rueda fundaron el movimiento Nuevo Liberalismo auspiciado por el expresidente de la Republica Carlos Lleras Restrepo.
Yo me he preguntado siempre que hubo, o que se esconde detrás de ese terrible atentado político y a cuantos, o cuales de los autores materiales o intelectuales han aprendido y judicializado, y cuál es el resultado de la investigación adelantada por la fiscalía general de la nación, desde hace 36 años, que nos permita conocer y develar a los responsables del alevoso crimen del ilustre colombiano. ¡Nada! Aquellos hombres de bien que, como es su caso, y el de Luis Carlos Galán, los mejores, y muchos otros que, en algún momento de la historia, por su coraje se convirtieron en seres incomodos a los intereses de los enemigos del país los han asesinado.
En este país del Sagrado Corazón de Jesús, desgraciadamente los que siempre ganan son los corruptos y los criminales. Y nada pasa. Hoy quiero rendirle un modesto homenaje a mi amigo de siempre y quiero recordar algunos episodios de lo que vivimos en aquellos años para que el país tenga en su memoria la realidad de lo que aconteció.
Han pasado muchos años y hoy experimento la misma pena y dolor por su temprana y absurda muerte. Lo que se decía entonces en la política colombiana era que tanto Lara Bonilla, abogado especialista en derecho constitucional, brillante orador y elocuente contertulio, como Luis Carlos Galán recto expositor, pensador insigne y conductor excelso, los dos ofrecían al pais verdaderos cambios en el ejercicio político y con esas virtudes y cualidades se perfilaban como futuros presidentes de la Republica.
El odio y la envidia pudo más, y bajo las balas asesinas ambos cayeron porque fue la única forma que tuvieron sus enemigos para sacarlos de la contienda en el largo camino hacia esa altísima Dignidad. Tengo claro en mi memoria de una llamada que me hizo el Dr Lara Bonilla el día del debate, polémica que fraguaron algunos sectores políticos en connivencia con el cartel de Medellín. El ministro quería informarme que durante la sesión plenaria la discusión iba a ser en su contra y que las baterías oratorias contra su honradez estarían a cargo de voceros del movimiento Alternativa Liberal con Jairo Ortega a la cabeza y de otro grupo adlátere al mismo que, en ese momento eran sus voceros.
El presidente de la cámara era Cesar Gaviria Trujillo y el secretario general de la corporación el Dr Julio Enrique Olaya vocero del partido conservador. No sé si el país recuerde que ese mismo día el presidente de la cámara y su secretorio general dieron posesión, en sigilo, al jefe del cartel de Medellín Pablo Escobar Gaviria como representante a la cámara en su condición de suplente de Jairo Ortega y bajo esa investidura asistió al recinto pleno del Congreso de Colombia a participar en la discusión en contra de ministro de justicia, que como rector de la política criminal contra organizaciones al margen de la ley había ordenado, semanas antes, la destrucción del más grande laboratorio de coca en el sur del país, Tranquilandia, de propiedad de Escobar y compañía.
Otro hecho que seguramente paso desapercibido para el país fue la presencia en el salón de prensa del congreso de un puñado de miembros del cartel que fue admitido a presenciar el debate. A los dos los asesinaron físicamente, pero sus ideas no han muerto. Sus banderas no han sido arriadas, han sido usurpadas que es diferente. Alguien tiene la obligación de levantarlas y ondearlas ante el pueblo de Colombia para salvarlo del tsunami de la corrupción. Ojalá el Dios de Colombia me lo permita ver para poder algún día descansar en paz.
