Parapeto.- ¿De un Estado de Derecho a una Nación Desinstitucionalizada?.
Esa es una verdad que, hoy por hoy, nos crea una enorme preocupación. Estamos siendo testigos de una crónica sobre una impunidad anunciada. Desde el inicio del proceso de paz, diseñado por el gobierno anterior, el país ha visto como los sucesos de la negociación en la Habana fueron atropellando las instituciones bajo la batuta del aspirante al premio nobel de paz, Juan Manuel Santos. Lo primero que hizo Santos fue ganarse la confianza del expresidente Álvaro Uribe para hacerse con la candidatura presidencial, y una vez alcanzo su elección, la segunda parte del libreto fue develada cuando resolvió, motu propio, declarar a Hugo Chávez, feroz antagonista del gobierno de Uribe, como su nuevo “mejor amigo” y le dio inicio a la más grande felonía en contra el jefe del Centro Democrático.
Esa actitud le sirvió para excluir al Centro Democrático y al partido conservador de los diálogos secretos que había iniciado con voceros de la guerrilla de las Farc. Utilizo el presupuesto nacional para alcanzar un respaldo mayoritario en el Congreso de la Republica y permeo a la justicia con ofrecimientos y gabelas que llevo al traste con la histórica honestidad de las altas cortes, que se han visto involucradas en sobornos por venta de sentencias a favor de delincuentes pertenecientes a una clase política corrupta.
Uno puede creer que la dirección del proceso de la Habana estuvo controlado por el gobierno y su grupo de asesores, pero con lo que hemos conocido después, fueron las exigencias de la farc y su grupo negociador, quienes manipularon al congreso mayoritario para triturar la constitución y el reglamento interno del parlamento, a tal punto, que modificaron arbitrariamente los tiempos de los debates de los proyectos de ley y de actos legislativos, mediante un procedimiento absolutamente inconstitucional, pues de los cuatro debates que debian darse para los proyectos de ley , o de los ocho para el tramite de las reformas a la carta fundamental, pasaron solo a dos para los primeros, y a cuatro para los segundos. A este estropicio le llamaron Fast Track, y de esa manera fueron entregando poco a poco la legislación, relacionada con el arrevesado proceso de paz, al grupo narcoterrorista de las Farc.
No contentos con ese esperpento legislativo, una vez realizado el plebiscito por la paz, que creyó Santos que lo tenía asegurado, pero que finalmente lo perdió, hizo caso omiso a la voluntad popular, lo desconoció, y recurrió a leguleyadas para hacer del acuerdo lo que le viniera en gana. Para llegar al meollo del asunto, el gobierno anterior permitió la desinstitucionalización de la justicia ordinaria y convirtió a la H. Corte Suprema de Justicia en un tribunal de baranda, que es lo que estamos viviendo ahora cuando la monstruosa jurisdicción especial para la paz, JEP, ha intentado un golpe de estado contra el poder judicial con el tema de “Jesús Santrich”. ¿Pero quién es este sujeto? Un miserable criminal de las Farc que se dedica al negocio del narcotráfico, y cogido en flagrancia fue puesto en prisión por orden de la Fiscalía General de la Nación, entidad que aporto las pruebas para que fuera extraditado por solicitud de los Estados Unidos, y quien con la complicidad de algunos magistrados de ese viciado tribunal temporal se convirtió de la noche a la mañana en célebre personaje protegido por la JEP.
Ese a sido el colorario y el resumen del proceso con las farc que le sirvió a Juan Manuel Santos para obtener el premio Nobel de paz otorgado por Noruega, país acompañante de toda esta oscura negociación de la Habana que hubiese podido desembocar, en la mayor impunidad conocida hasta la fecha. El Dr Uribe nos ha pedido que se derogue ese templo de la impunidad y así debemos obrar. La Paz no se les concede a los victimarios sino a las víctimas. A Los victimarios se les vence, con la ley, o con las armas que nos da la misma constitución. Lo último que se conoció antes de terminar este artículo es que con nuevas pruebas aportadas por la fiscalía, Santrich ha sido puesto nuevamente tras las rejas, ad portas de su extradición.
