Parapeto.- De la cuestión agraria. Parte I
Estas últimas semanas he estado escarbando entre los libros que guardo como recuerdo de importantes personajes de la vida nacional que irrumpieron, como dirigentes políticos y en algunos casos como presidentes de la república, en la organización de este país, y en esa tarea me encontré con uno que conservo con mucho cariño, que me lo regaló el 31 de mayo de 1.984 el señor expresidente Carlos Lleras Restrepo, el mismo autor de la obra que voy a comentar y que lleva por título el que he colocado a este artículo: La Cuestión Agraria. Confieso que han sido escasos los prohombres que han contribuido con su inteligencia superior a la construcción de nuestra patria. Carlos Lleras, Misael Pastrana, Álvaro Gómez, Alfonso López, Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara y en los últimos 20 años para bien de la patria, Álvaro Uribe Vélez. Hablo de los políticos y pensadores contemporáneos.
Pues bien, a partir de esta columna me interesaré por analizar la obra social del Expresidente Lleras Restrepo en el tema agrario, que fue una de sus verdaderas pasiones como político y como gobernante. La obra en mención recoge todo su pensamiento y actos realizados en su larga vida pública, desde el año de 1.933 hasta el año de 1.971. En 1.933 ocupó el cargo de secretario de gobierno y como tal le correspondió intervenir en la solución al conflicto agrario que se presentaba entre los propietarios y los arrendatarios, especialmente en zonas dedicadas al cultivo de café, y en tierras altas y frías de la región de Mesitas del Colegio y principalmente en la provincia de Viotá.
Los principales problemas que menciona el Dr Lleras en su obra se suscitaban por las pésimas relaciones que existían entre los dueños de las fincas y sus arrendatarios por diversas razones, entre otras las siguientes: Los arrendatarios se negaban a pagar a los dueños de las tierras los arriendos pactados; de otro lado, también los propietarios caían en mora de pagar a los trabajadores el valor de las mejoras en siembra de cafetales y otras que beneficiaban a sus fincas; los trabajadores se negaban a firmar nuevos contratos de arrendamiento por las pretensiones desmedidas de los patrones, alegaban por los bajos salarios, desechaban la explotación inicua como se hallaba reglamentado el trabajo por tareas, por los abusos de los comisariatos y los intereses que les cobraban, sobre la jornada de trabajo, y los permisos para el mantenimiento de los animales domésticos en patios y solares de las fincas.
Los trabadores además reclamaban el libre derecho de sembrar café en sus parcelas y los propietarios se negaban a ello. En su visita como secretario de gobierno de Cundinamarca a la región, el Dr Lleras encontró que ese era el punto de más difícil solución, el de la siembra de café. Los campesinos alegaban que este era el único medio que les permitiría poder reunir un capital que les mejorara siquiera, en pequeña escala, su deplorable situación. Le temían a que si esa siembra se les limitaba vivirían siempre expuestos a ser lanzados a una miseria completa el día en que los propietarios dieran por terminados sus contratos. Por el otro lado, los propietarios alegaban que la libre siembra implicaría la perdida efectiva de sus tierras. Y de paso, perderían disponer de brazos para la recolección de sus cosechas. Ese era el panorama que se vivía entonces en Colombia. Continuará.
