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Opinión/ Creado el: 2019-02-07 02:34

Parapeto.- Con carro bomba, ELN hizo trizas protocolo de la Habana

Escrito por: Julio Bahamón Vanegas
 | febrero 07 de 2019

Algunos despistados  analistas políticos se rasgan las vestiduras exigiéndole al gobierno nacional el cumplimiento de un arrevesado protocolo que disque suscribió el anterior gobierno con el ELN a quienes invitaron a hablar sobre una posibilidad e intento de paz. Del  otro lado, estamos los que  respaldamos al presidente Duque en su demanda para que Cuba detenga a los negociadores de esa agrupación terrorista y los entregue a las autoridades colombianas para aplicarles todo el peso de la ley.  ¿Acaso el asesinato aleve de 21 jóvenes colombianos indefensos ameritaba esa crueldad terrorista?. ¿ Qué les exigen los amigos del tal protocolo, a los terroristas?.   

Les queremos preguntar a los analistas de pacotilla, ¿cuál fue el protocolo que esos criminales le aplicaron a 21 cadetes de la escuela de formación policial General Santander,  para convertirlos en víctimas de un carro bomba con el que, no solo los destrozaron físicamente, sino que con el estallido de la bomba asesinaron la confianza de los colombianos para apoyar cualquier otro asomo de paz. Un “protocolo” representado en un vehículo blindado, con el que los explosivitas del grupo criminal sabían que harían más daño,  cargado con 80 kilos de pentonita, y Bum!, los asesinaron. La inquietud que surge en  todo proceso de paz es la siguiente: ¿Se requiere como trofeo para negociar, ejecutar actos barbaros de genocidio para doblegar al gobierno?. Se equivocan. ¡El injustificado protocolo, después del atentado a la escuela de cadetes de la policía, ha dejado de existir!.

Aquí no hay alternativa. O se someten los criminales al estado de derecho, si es que quieren en algún momento volver a sentarse a hablar de paz, liberan a todos los secuestrados y cancelan definitivamente sus actos terroristas, o no habrá una nueva oportunidad, pues el Estado con sus fuerzas militares está en la obligación de combatirlos, de utilizar todo su poder ofensivo  para someterlos al imperio de la ley. Colombia entera rodea hoy más que nunca a su presidente. Un crimen de esa naturaleza no se va a olvidar fácilmente.

Las vidas de 21 cadetes de la policía valen y ninguna payasada más de las organizaciones criminales les devolverá sus meritorias existencias. No puede ser respetable la posición facilista del gobierno cubano que insiste en la “aplicación” de los compromisos  acordados con el anterior gobierno. Si esa postura termina por imponerse, internacionalmente le estarían dando patente de corso a las organizaciones criminales para asesinar impunemente a indefensos colombianos y luego pedir, como si nada hubiese ocurrido, nueva negociación de paz.

No señores, la dignidad de la patria está por encima de esa clase de subterfugios que solamente amparan a los sediciosos. ¿De qué le ha servido a Colombia la negociación con las Farc?. Para justificarla sus defensores se solazan diciendo que hoy hay menos ataques guerrilleros que hace cinco años. Es posible que sea cierto, pero en su defecto, hay más coca y vicio en las calles y violencia generalizada en las ciudades, que antes de suscribir el acuerdo con Timochenko. Aquí se aplica la afirmación que sobre la energía proclamó Albert Einstein: “La energía no se destruye, se transforma”. Parodiándolo, podemos decir, La violencia guerrillera no se acaba con un proceso de paz, se transforma en otra clase de violencia más cruel  y delirante. 


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