Opinión/ Creado el: 2020-05-27 03:23
Pandemia imparable en Brasil
La comunidad internacional, se encuentra muy preocupada por la situación que está viviendo la sociedad brasilera por la propagación exponencial del Covid-19, que tiene a la primera economía latinoamericana, en el país con más contagios y ocupando el segundo lugar a nivel mundial con más personas contagiadas. es producto de la incoherencia en las medidas gubernamentales para controlar esta pandemia.
El día anterior, la Universidad de Johns Hopkins en su boletín diario, expresó el día anterior, que Brasil tuvo 391.222 contagios y con 24.512 muertes. Durante las últimas 24 horas en este país, se aumentaron en 16.222 personas afectadas y fallecieron 1.039 brasileros. Esta tendencia se ha venido presentando durante el último mes, producto de una definición de una política pública en materia de salud en el país vecino.
Pero la arrogancia del primer mandatario Jair Bolsonaro, es el generador de este caos. Toda la comunidad internacional, ha sido testigo del deplorable manejo de manejo de la pandemia, que, junto con las graves acusaciones, cada vez enrarecen el futuro del primer mandatario de los brasileros. La peligrosa jactancia del populista presidente está llevando a este país, a una hecatombe de grandes proporciones por las crecientes cifras de contagios y muertes que actualmente se están presentando en este país. La tragedia que está padeciendo el pueblo brasileño a causa del coronavirus debe servir de espejo para los demás países de la región, que pueden caer en lo mismo, si no se fortalecen los servicios de salud pública, y los gobiernos privilegian la politiquería y el populismo por sobre el genuino bienestar de sus pueblos.
El drama se refleja con los sepultureros de Sao Paulo en el mayor cementerio de la región, que no dan abasto para enterrar los muertos, que en soledad llegan a su destino final. Esta es una radiografía de la grave problemática social que afronta la sociedad brasilera.
Existen unos factores que se conjugan con la ineficiencia administrativa del accionar gubernamental, como la alta densidad poblacional en las barriadas de sus ciudades, las dificultades para el acceso a la salud, la pobreza y la informalidad en el empleo que no permiten el éxito de las estrategias de confinamiento y distanciamiento social, parecen poco frente a la responsabilidad que le cabe al Ejecutivo del ultraderechista Jair Bolsonaro.
Este gobernante que no solo se ha dedicado a minimizar el impacto del Covid-19 al compararlo con una gripita, sino que sistemáticamente ha boicoteado las iniciativas de los gobernadores de los estados, que de manera desesperada han ordenado cuarentenas para preservar las vidas de los habitantes. Sin embargo, es decepcionante que la ignorancia la vayan a pagar con tantas vidas en riesgo.
El día anterior, la Universidad de Johns Hopkins en su boletín diario, expresó el día anterior, que Brasil tuvo 391.222 contagios y con 24.512 muertes. Durante las últimas 24 horas en este país, se aumentaron en 16.222 personas afectadas y fallecieron 1.039 brasileros. Esta tendencia se ha venido presentando durante el último mes, producto de una definición de una política pública en materia de salud en el país vecino.
Pero la arrogancia del primer mandatario Jair Bolsonaro, es el generador de este caos. Toda la comunidad internacional, ha sido testigo del deplorable manejo de manejo de la pandemia, que, junto con las graves acusaciones, cada vez enrarecen el futuro del primer mandatario de los brasileros. La peligrosa jactancia del populista presidente está llevando a este país, a una hecatombe de grandes proporciones por las crecientes cifras de contagios y muertes que actualmente se están presentando en este país. La tragedia que está padeciendo el pueblo brasileño a causa del coronavirus debe servir de espejo para los demás países de la región, que pueden caer en lo mismo, si no se fortalecen los servicios de salud pública, y los gobiernos privilegian la politiquería y el populismo por sobre el genuino bienestar de sus pueblos.
El drama se refleja con los sepultureros de Sao Paulo en el mayor cementerio de la región, que no dan abasto para enterrar los muertos, que en soledad llegan a su destino final. Esta es una radiografía de la grave problemática social que afronta la sociedad brasilera.
Existen unos factores que se conjugan con la ineficiencia administrativa del accionar gubernamental, como la alta densidad poblacional en las barriadas de sus ciudades, las dificultades para el acceso a la salud, la pobreza y la informalidad en el empleo que no permiten el éxito de las estrategias de confinamiento y distanciamiento social, parecen poco frente a la responsabilidad que le cabe al Ejecutivo del ultraderechista Jair Bolsonaro.
Este gobernante que no solo se ha dedicado a minimizar el impacto del Covid-19 al compararlo con una gripita, sino que sistemáticamente ha boicoteado las iniciativas de los gobernadores de los estados, que de manera desesperada han ordenado cuarentenas para preservar las vidas de los habitantes. Sin embargo, es decepcionante que la ignorancia la vayan a pagar con tantas vidas en riesgo.
