Palomino y las dos Colombias
Por: Diego Muñoz
Palomino, en La Guajira, es uno de los destinos turísticos más reconocidos de la oferta colombiana para el mundo. Sus playas, el rio, las aves, micos, monos y demás animales que se avistan en sus alrededores. el Tubing, el pueblo con sus indígenas Koguis y Arahuacos hacen que todo el año este pequeño corregimiento este lleno de turistas, principalmente extranjeros.
En Semana Santa visitamos La Guajira y pasamos una noche en Palomino en uno de los bellos y modernos hoteles de la región con servicio de agua caliente, internet, y playa semiprivada, no obstante, cuando tenemos la fortuna de viajar nos gusta disfrutar no solo de las comodidades del hotel, sino también de la vida normal y popular del lugar visitado, así que decidimos hacer Tubing, no con el servicio del hotel, sino directamente en el pueblo. Apenas salimos del hotel empezamos a ver la triste realidad de ese “pobre corregimiento”.
Por las calles polvorientas y sin pavimentar llegamos a la tienda de Tubing, allí presenciamos la pelea entre varios “lugareños”, montados en sus destartaladas y contaminantes motos, por conseguir el contrato para llevarnos. Solucionada la discusión nos guío José y con otros tres moteros nos fuimos, haciendo ruido y esparciendo esmog hasta llegar al lugar donde iniciaba el recorrido a pie hacia el paradisiaco punto en el que nos tiramos al rio en los neumáticos. La belleza de la Sierra, el rio cristalino, las aves y animales que veíamos y la compañía de mi familia convirtieron el viaje en una sensación de placer difícil de igualar, no obstante, después de un par de horas las cosas empezaron a cambiar.
Llegando al pueblo encontramos a muchos bañándose, no de paseo, sino con jabón y champú. Nos explicaba José que en su pueblo no hay acueducto ni agua potable y esa es la forma en que muchos lugareños asean sus cuerpos. Ya casi en la desembocadura del rio no me sentía en el paraíso sino en la 72 con 7 de Bogotá pues el esmog de una caravana de motos casi nos hacía llorar. Al fin llegamos al mar y José, a quien apenas le pagaban 38 mil pesos por sus casi 5 horas de trabajo, debía llevar los cuatro grandes neumáticos, los chalecos y nuestras prendas hasta la tienda a 30 minutos de camino a pie.
Es increíble ver los contrastes de nuestra sociedad, la opulencia y la pobreza unidas en pocos metros, son dos colombias, la de los privilegiados como nosotros que pueden disfrutar bellos hoteles y la de la gran mayoría que, como José, no tienen agua ni para bañarse. Lo más triste es que ni el estado, ni los empresarios que se enriquecen al lado de la miseria hacen nada por mejorar la vida de esa gente, pues ni siquiera contratan personal de la región. Después se quejan porque “esos indios” bloquean vías y no dejan trabajar.
