martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-01-28 12:58

Palabras a mi amado hijo

Escrito por: Ana María Rincón Herrera
 | enero 28 de 2019

Ya son cinco años de tu triste partida, y en mi corazón parece como si hubiese sido hoy que nos dejaste. Cada día es más grande el dolor de tu ausencia.

La tristeza que embarga mi alma es sencillamente insuperable, es  indescriptible y se acrecienta con los días, y es tal el dolor que no desearía que jamás lo sintiera nadie. 

Hijo, que iba yo a suponer que un suceso tan violento e inesperado te llevaría lejos de mi lado, cambiando la ley de la vida, porque todos nos preparamos para ver partir a nuestros padres, pero nunca ver partir a un hijo. Y verte partir tan  rápido a tan solo 29 años. Que iba yo a saber cuándo te despediste de mí y que esas lindas palabras que pronunciaste  serían las últimas.  

Pensaría, que injusto y me pregunto día a día ¿porque me paso esto a mí? ¿Por qué  el destino te arrebató  de mi lado? 

A pesar de todo,  me lleno de fe y me respondo a mí misma que simplemente son designios de Dios. Porque de lo contrario son sucesos en la vida que son incomprensibles.

No dejo de pensar ni un segundo la alegría que sentiríamos todos y como nos enorgullecería verte alcanzando un peldaño más en tu carrera política, profesional y en tu proyecto de vida, donde ibas alcanzando a pasos agigantados, pero el destino hijo es muy incierto. Doy gracias a Dios por haberme permitido tener al hijo más maravilloso, y que me hubieses escogido como tú madre.

Saber que la única persona, mi único apoyo, mi confidente, mi hijo, mi niño ya no está más conmigo y debo decir que mi vida no es igual, mi vida no volverá a ser la misma sin tu hermosa presencia. Solo Dios lo sabe. 

Estoy aprendiendo a lidiar con tu ausencia. Estoy aprendiendo a sobrevivir sin tu presencia. Estoy aprendiendo a sobrellevar el dolor del vacío que siente mi corazón. Estoy aprendiendo a mirar la puerta y saber que tú, ya no llegarás. Estoy aprendiendo a vivir los festejos, sin que tú estés en ellos. Estoy aprendiendo a vivir de los recuerdos. Estoy aprendiendo a verme bien aunque mi corazón me duela. Estoy aprendiendo a pensarte en las noches, para ver si te puedo ver en mis sueños. Nadie dijo que esto fuera fácil. Pero hay un lugar donde siempre estarás y es en mi corazón, donde vivirás eternamente. Ha sido demasiado duro, siento como que es un sueño del que quisiera despertar, esta es una dura realidad que me tocó afrontar y solo me queda pedir a Dios que me de fuerzas para seguir  soportando cada paso que doy en la vida.

Creo que la vida se me acaba, que todo se termina, pues eras mi única ilusión, ya nada en la vida tiene sentido, pero tú eres mi guía espiritual y me impulsas a seguir cumpliendo con tu legado,  siento que me tienes en pie y que gracias a ti estoy escribiéndote.

Ya no tendré la oportunidad de recibir las caricias sinceras, tus besos, tus abrazos, nunca te cansabas de decirme “mamá te amo”. 

Mi hijo y yo fuimos cómplices, celebramos muchas veces por los logros y triunfos obtenidos, y  lloramos con las derrotas y malos momentos que nos dejaron enseñanzas, pero siempre dándonos la mano y apoyándonos en todo. Dejaste una huella imborrable en el corazón de todos los que tuvieron la oportunidad de estar a tu lado.

Aún no encuentro explicación del por qué justamente a mi hijo, que tanto amaba y cuidaba la vida y que con sólo 29 años de vida y tantos sueños, me lo arrebataron…. Solo Dios sabe porque me tocó cargar con esta cruz.

PD: Agradezco a los amigos que año tras año, nos siguen acompañando a rendirle homenaje a este ser maravilloso. Sergio Younes Rincón


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